El chistoso señor Donayre, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Siempre ha sido difícil discernir cuándo el congresista Donayre está bromeando y cuándo está hablando en serio. Y es que el señor siempre ha gustado de hacerse el chistoso, incluso en la época en la que era Comandante General del Ejército, cuando disfrutaba de la eventual bromita xenofóbica contra los chilenos. De hecho, el parlamentario, antaño solía ser un personaje común en la sección de videos humorísticos del programa de Jaime Bayly, sorprendiendo con algún chispazo de comedia que nos hacía llorar y reír al mismo tiempo.

Sin embargo, el día de ayer, en la Comisión de Educación, el congresista Donayre lanzó una propuesta particularmente disparatada: prohibir que los menores de 17 años estén en la calle después de las 10pm. Al principio pareció una broma, como la mayoría de las cosas que profiere el parlamentario de APP, pero luego se notó que hablaba en serio y nos hizo recordar que, además de tener anhelos de pertenecer al Club de la Comedia, tiene una inquietante vena autoritaria.

Y es que la noción de darle al Estado la potestad de decidir a qué hora un menor debe estar en casa, es atroz. Esto sin mencionar que socava la libertad que tienen los padres de determinar las reglas en sus propios hogares. Aparte ¿cuántos recursos policiales tendrían que empeñarse en aplicar esta ley? ¿Qué se hará si encuentran menores de edad fuera de sus casas? ¿Los llevarán a las comisarías incluso si no han cometido actos delictivos para que se codeen con verdaderos criminales?

El ánimo de la propuesta está clarísimo. El señor Donayre piensa que esto ayudará a evitar que los jóvenes se dediquen a actividades nocivas y delictivas. Sin embargo, cuesta mucho imaginarse cómo esta medida sería un remedio para estos problemas. Aunque es indudable que la noche es el momento óptimo para el desarrollo de actividades cuestionables, estas también se pueden realizar a plena luz del día o pocas horas antes de las 10pm. Lo único que lograría una ley como esta es que el hipotético pandillero prefiera cometer sus fechorías más temprano.

Y es que la solución al problema no está en encerrar a todos los jóvenes con el interés de mantener a la minoría criminal fuera de las calles. La idea de simplemente encerrar, sin excepciones, a todos los menores de 17 años a partir de cierta hora, le quita los incentivos a la Policía para que haga la chamba de investigar y descubrir quiénes son los criminales y someter a la justicia solo a los que lo merecen.

Con esto en mente, la solución, más bien, tiene que estar orientada a evitar que los jóvenes se involucren con el crimen desde un principio. Las medidas posibles son las relacionadas a la educación, al deporte y actividades culturales promocionadas inteligentemente para llegar a su público objetivo. Esto sin hablar de que la policía tiene que trabajar activamente para frustrar cualquier intento que puedan tener las pandillas de conseguir nuevos miembros.

Pero, dejando de lado el asunto del crimen ¿Por qué perjudicar a los jóvenes que no han cometido ningún acto delictivo? ¿Qué pasa si un menor de edad quiere ir al teatro, por ejemplo? Al salir de una obra comenzada a las 9pm el chico estaría yendo contra la ley ¿Qué pasa si un padre o una madre que trabajan todo el día quieren ir a ver una película con sus hijos? Una salida al cine implicaría un delito.

Así las cosas, más que una solución brillante contra el pandillaje, el señor Donayre ha esbozado un batacazo contra la libertad individual. Uno que, además, de convertirse en ley, implicaría un precedente nefasto sobre el nivel de injerencia que el Estado puede tener en las decisiones de las personas. Un altísimo costo a pagar por una medida que, en la práctica, no serviría para nada. Dicho esto, solo queda esperar que esta haya sido otra broma del chistoso señor Donayre. Una broma cuyo elemento hilarante aún no llegamos a entender.