El cine breve: MRDRCHAIN, por Álvaro Martinez

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Los cortometrajes y mediometrajes componen una porción importante de la producción cinematográfica mundial.  No recogen, sin embargo, por lo general, la atención y los entusiastas que sí suman con cierta facilidad sus parientes de más de una hora y que parecen haberse apropiado de manera exclusiva del título de “películas”.  Acaso requieren agruparse en compilaciones temáticas o esperar un devenir exitoso de sus directores para ser revisados con alguna avidez.  Hay que decir, no obstante, que poseen historias y tratamientos tan diversos como cualquier forma más prolongada de cine, que por cierto engendraron, y cuya brevedad no hace más que presentar una variedad distinta de relatos que resulta fascinante explorar.

Justamente porque el tiempo durante el que demandan nuestra atención es menos extenso los cortometrajes se convierten con frecuencia en un vehículo ideal para introducir ideas osadas, incluso poco figurativas o de difícil digestión que, después de más de cien años de cine, son una ruta válida para dar algo de frescura al “séptimo arte”.  Demandan, además, una menor cantidad de recursos para su producción, que no es un principio o regla sino tan sólo una comparación de presupuesto bastante elemental y práctica pero que, de cualquier forma, suele venir acompañada de mayor libertad creativa y es una cuna ideal para la autoría y la experimentación.

La película animada del checo Ondřej Švadlena MRDRCHAIN (probablemente una forma reducida de Murderchain) es un buen ejemplo de las posibilidades de este cine breve.  La historia se asoma muy básica, una formalidad que se cumple, un personaje que quiere llegar de un lado a otro. Y es que los juegos y la profusión de recursos narrativos no son realmente lo que llama la atención, pero sí hay una historia y es el camino. No parece haber obstáculos claros y, sin embargo, todo está cargado de conflicto, desde el aspecto visual, porque nada parece estar bien y el mundo que se presenta parece trastocado por un estado natural de violencia.

El escenario y los personajes que se presentan son perturbadores, fascinantes como creaciones y poseedores, además, de una cualidad hipnótica que genera un efecto extraño por la inquietante visión de lo que se tiene enfrente.  La música soporta ese estado de malestar y adhesión mientras nos adentramos en las entrañas de ese lugar que se presenta como MRDRCHAIN y que da el nombre al film.  Y hablar de entrañas no es gratuito pues la película tiene sin duda un aspecto orgánico, corporal, de tejidos y fluidos que se combinan o adquieren la forma de maquinarias con intenciones a veces poco claras, pero que existen de cualquier manera.

Se puede pensar en MRDRCHAIN tanto en una experiencia con una intención primordialmente sensorial como en un tratado simbólico y metafórico, poblado de formas extrañas, que en su peculiaridad comprenden elementos suficientes para ser desenmarañados en las lecturas que se prefieran. Se podría tratar, por ejemplo, por qué no, de algo más que un primer paso en lo que la Historia y la naturaleza tengan para decir sobre los hombres; y de esos sistemas que cuentan y que, ya sea dentro o fuera de sus cuerpos, se buscan, se remedan, o se enfrentan.