El corazón de Madrid

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Todos sabemos que en el fútbol se gana, se pierde y se empata; sin embargo, hay ocasiones (y son muy pocas) en donde un único partido sacude el status quo y nos obliga a replantear todo lo que dábamos por seguro. Un partido, en el que un equipo logra imponerse de tal manera sobre su rival y en tantos sentidos, que el resultado no solo refleja quién fue mejor en el campo, si no quién fue el único que salió a jugar en los 90 minutos.

Partidos como los que me refiero, no son solo meras goleadas en las que muchas veces algún detalle decanta la balanza hacia un lado específico (léase el gol de Ramos en la final de la última Champions) sino exhibiciones tan exageradas, que nada hubiera podido truncar una victoria segura. Solo se me ocurren cinco ejemplos en los últimos años: El 0 – 5 de Guardiola a Mourinho, el 4 – 0 del Bayern al Barza en las semifinales del 2013, el 0 – 4 del Real al Bayern en las últimas semis de Champions, el 7 – 1 de Alemania a Brasil en el Mundial y por supuesto el último 4 – 0 del Atlético sobre el Real Madrid.

Con las bajas de James, Modric, Ramos, Pepe y Marcelo, se podría asumir que los merengues estaban mermados y que ahí está la razón del resultado. No señores. El Atlético de Madrid, sin recurrir a ninguna variante táctica novedosa o a un once sorpresa (tuvo dos cambios obligados en los 90’) dejó claro que simplemente desarrollando su fútbol y su idea, era infinitamente mejor que su rival y que éste no sabía cómo hacerle daño. Entiéndase por favor, no es que el Madrid no podía hacerle daño, no es un tema de poder. Es que simplemente no sabía como. Parafraseando a Abel Rojas, el Atlético no provocó errores. Generó utilidad.

El partido tuvo dos fases: cuando el Atlético atacaba en estático (siempre tirando su juego hacia la derecha) y cuando atacaba a la contra. El tema es que el juego del Real siempre fue el mismo, con Kroos seguido de cerca por Mandzukic, Tiago y Gabi, las únicas jugadas que le quedaban en salida eran hacia la banda izquierda buscando a Isco que se las veía negras en superar rojiblancos de dos en dos o salir en largo buscando a Cristiano/Bale donde Juanfrán, Miranda, Godín y Siqueira se dieron un festín recuperando balones.

La rotunda inferioridad del Real Madrid destapó entonces defectos que normalmente no se notan cuando el equipo juega organizado en torno al balón y a la magia de sus estrellas. La falta de compromiso de Cristiano y Bale era tan evidente que tanto Moyá como Godín o Miranda lo único que tenían que hacer era darle la pelota a Juanfrán o Siqueira para que estos pasen la media cancha a trote e inicien los 3 vs 1 con Arda/Saúl y Griezmann/Mandzukic. Ni todo el corazón de Isco ni tampoco el genial posicionamiento táctico de Kroos podían hacer lo más mínimo para pararlos porque (y repito) no son este tipo de jugadores y no están preparados para hacerlo. Para incidir un poco más en el tema, la superioridad del Atlético no se debía a errores de su rival, sino a una propuesta ideológica firme y de raíz profunda. Los defectos antes ocultos del Madrid salían a chorros sobre la cancha y con 70 minutos por jugar ya iban perdiendo 2 – 0.  Olía a desastre, y lo fue.

Algunas líneas para Mario Mandzukic. El croata debe haberse jugado el mejor partido de su carrera ya que fue la antítesis de todo lo que el Real Madrid encarnaba: Presionaba en salida, ajustaba los pases de Kroos, habilitaba a sus laterales en ataque y llenaba de miedo a los centrales merengues. Su gol al final del partido, es la excepción que confirma la regla de que el fútbol es un deporte injusto. Gracias Mario.

Por último, el estadio Vicente Calderón fue testigo de esos choques que te dejan totalmente apabullado, un enfrentamiento en donde el perdedor no sale con ganas de revancha, porque sabe que la victoria sería imposible. El Madrid necesita tiempo para recuperarse, fútbol para sentirse grande y ajustes para no volver a pasar por algo parecido. Aunque quisiéramos pensarlo, Kroos no es Xabi Alonso y sin el vasco, cuando toca sufrir los centrales siempre estarán solos. El Madrid de hoy debe competir desde el campo contrario, desde sentirse superior a su rival y encerrarlo en su área.

Para el Atlético, ¿Queda algo por agregar? Ya sabemos lo que ha inventado Simeone para el Atlético. Hay un corazón que sigue latiendo en Madrid.