El crudo encanto del nazismo

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En estos días se puede ver en el canal de la BBC un documental soberbio que se titula El Oscuro Carisma de Adolf Hitler.

En el mismo y a través tanto de testimonios fílmicos como orales de personas que en los años ´30 del siglo XX apoyaron al nazismo aun sin convicción se intenta descubrir qué es lo que hizo que este hombre pudiese transformar una nación culta y avanzada en un hato de seguidores que terminaron aceptando los más perversos métodos criminales porque el país estaba en orden y se había restaurado el “orgullo nacional alemán”.

La audición de programa me empujó a cuestionar qué clase de oscuro encanto se puede encontrar en una ideología abyecta que sumó a la misma los crímenes más terribles que la humanidad recuerde. Un interrogante que se repite con cada dictadura y cada tiranía que surgen en la historia humana como hongos luego de un chaparrón; y que poseen para nuestra sorpresa (o no) una plétora de aduladores, seguidores y aplaudidores de sus logros.

Varios son los pensadores que sobre todo en los años 60 intentaron responder a este interrogante. La más difundida tal vez sea la respuesta de Hannah Arendt. Primero en su Opera Magna Los Orígenes del Totalitarismo y después cuando cubrió el juicio de Adolph Eichmann en Jerusalén. Fue allí donde acuñó su conocido moto: la banalidad del mal.

Otro pensador que intentó pergeñar alguna respuesta fue el norteamericano Richard Rubenstein (quien acuñó la palabra “genocidio”) en After Auschwitz: Radical Theology and Contemporary Judaism del año 1966. Si bien en ese escrito Rubenstein se ocupa más de Dios que del nazismo, no deja de ser peculiar su cuestionamiento (que también toma más tarde el premio Nobel de la Paz Elie Wiesel) en el que precisa que mejor que preguntarse ¿Qué es Dios después de Auschwitz?, habría que responder a la pregunta ¿qué es el ser humano después de Auschwitz?

Pues bien, lo más peculiar de este tema no radica en la literatura vastísima que estos últimos 65 años han dado, sino en el hecho de que el nazismo y la figura de Hitler aun sigan provocando admiración e idolatría. Y no en ancianos nostálgicos sino en jóvenes. Y tampoco en aquellos alemanes o austríacos que añoran aquel mal entendido orgullo nacional restaurado sino en adolescentes cuasi púberes de países que sufrieron la ocupación nazi y cuyos abuelos fueron ya víctimas de ésta, ya colaboradores.

De no ser cierta, la noticia sería un excelente argumento para el humor del absurdo: en Rusia, el país que más víctimas sufrió a manos de los nazis, se busca ¡a la Miss Hitler perfecta! No basta para ello con ser hermosa. También es imprescindible demostrar con palabras elocuentes la admiración por Adolf Hitler.

La candidata que obtenga más “Me Gusta” será declarada “Miss Ostland”, nombrado tras el territorio europeo este, cerca de Rusia, que la Alemania Nazi conquistó durante la Segunda Guerra Mundial. La ganadora recibirá una joya con letras del alfabeto rúnico, el cual fuera algo así como el idioma semi oficial de las SS y favorecido por Heinrich Himmler. El segundo lugar obtendrá…un pendiente que combina una esvástica con la medalla nazi.

¿Alguien se sorprende? No deberíamos… La semana pasada un grupo nacionalista ucraniano exigió al gobierno (aún tambaleante) de Petro Poroschenko que los ucranianos que combatieron en las filas de las SS, que fueron además verdugos voluntarios de judíos, ucranianos comunistas y muchas otras víctimas, que sean declarados héroes nacionales.

Como se ve, no tengo tampoco yo respuestas a la pregunta que se plantea algunos párrafos arriba. El nazismo, el fascismo, el estalinismo y el polpotismo; las tiranías y populismos en todas sus formas seguirán teniendo adeptos y defensores. Pero nunca estará de más leer a Hannah Arendt, a Rubenstein y ver la serie de la BBC.

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