El deber de participar en la solución, por Verushka Villavicencio

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El Perú no es España. Latinoamérica no es Europa. Llevamos décadas con derechos humanos que no se respetan y servicios del Estado que no se ajustan a las necesidades que cada grupo de personas requiere, sobre todo aquellos que necesitan especial protección. Pero seguimos de pie y tanto en el Estado como en la academia y la empresa privada estamos librando una batalla que nos reta a ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Es hora de proponer y ejecutar. Es hora de enfrentar haciendo lo que nos corresponda.

En esa línea de ideas, me pregunto si desde el inicio el presidente del país Martín Vizcarra nos hubieran explicado a todos los peruanos los futuros escenarios, el número de infectados y muertos sería menor. Mi respuesta es no. Me pesa aceptar que somos un país no sólo con diferencias respecto a la educación sino en relación a los valores y a las carencias que culminan en temas de salud mental que son caldo de cultivo para la violencia y el feminicidio.

Esta guerra no la pueden librar solo los policías, los médicos, las enfermeras, los paramédicos, los bomberos, sino todos los demás.

Tenemos muestras de acciones contra la pandemia por donde miremos. Yanacancha, uno de los trece distritos de la provincia de Cerro de Pasco ubicada a 4,380 metros sobre el nivel del mar con 29,192 habitantes –según INEI 2017–, lanzó el martes pasado el primer mercado con protección en sus puestos para que tanto comerciantes como ciudadanos puedan adquirir alimentos de primera necesidad. Cada puesto está encapsulado por un plástico transparente con una pequeña ventanilla que permite comunicar a vendedores con clientes usando cada uno mascarillas y guantes. Además personal del municipio se encarga de la desinfección. Un ejemplo para la adecuación, ciertamente habrán temas por mejorar, pero ya comenzaron. Se trata no sólo de vender sino de proteger la salud promoviendo hábitos saludables en todos los contextos en los que nos movemos. Aquí el Estado opera gestionando soluciones a través de un gobierno local.

Otra señal es la del biológo genetista Eduardo Juscamayta del Instituto Nacional de Salud, quien ha creado una prueba molecular para diagnosticar el COVID-19 cuyos resultados se obtendrán en una hora y será menos costosa que la prueba actual. Este proyecto recibió un financiamiento de 300 mil soles de parte del concurso organizado por Concytec Fondetyc. Tres meses es lo que necesitará Juscamayta para tenerla lista. Afirmó que será una prueba portable y no requerirá personal especializado para aplicarla. Se podrá tomar en centros de salud con condiciones mínimas de laboratorio. Aquí el Estado opera con sus científicos aportando soluciones tecnológicas e innovadoras sujetas a la realidad del país.

En ambos casos, la clave es la adaptación en medio de la crisis con los recursos que tenemos. Gestionar es actuar en tiempos de crisis y no paralizarnos por las ausencias de recursos mientras llega lo que se necesita. Gestionar es ir escalando.

Llevamos décadas demandando y exigiendo todos los ciudadanos nuestro derecho a participar y nos hemos olvidado del deber de participar. En Tiempos del Coronavirus, tenemos el deber de participar en la solución. Y ¿qué podemos hacer? Involucrar la participación ciudadana a través de las redes comunitarias articuladas con las juntas vecinales de cada barrio para el monitoreo y cumplimiento de las medidas de la pandemia.

Las redes comunitarias en su gran mayoría están identificadas por las áreas de participación vecinal de los gobiernos locales. Estas redes a través de sus líderes comunitarios podrían ayudar en la identificación de casos que requieren protección y también podrían implementar medidas de alerta sobre el respeto a las medidas de aislamiento social, entre otras. No sería necesaria la presencia de policías en las calles pues los ciudadanos ejercerían su deber de participar en la solución del problema. Tema aparte es la necesidad de cada familia por ganar el sustento diario pues los niveles de informalidad que tenemos y que no se resolvieron antes de la pandemia, les obliga a decidir entre morir de hambre o morir por el contagio. Pero, de lo que se trata aquí es de detener a todos aquellos que salen inescrupulosamente y son un factor de contagio latente. Casos como las colas para comprar cerveza en caja no deberían repetirse. Esta tarea implica una gran articulación entre los gobiernos regionales, gobiernos locales, organizaciones barriales y ciudadanos: un sistema de participación comunitario con un enfoque de promoción de la salud a nivel nacional gestionado a nivel local.

Aquí el Estado es su gente, la gente que pone el pecho en un genuino acto de heroicidad como los que nos quedamos en casa trabajando. Y queremos que vivan todos entonces cada funcionario como cada ciudadano debería comprometerse con el máximo esfuerzo hasta el límite para que otros ciudadanos vivan. Mientras redacto mi nota hoy jueves, veo las últimas cifras del Ministerio de Salud que reportó 54,817 casos positivos, 17,527 ciudadanos recuperados y 1,533 fallecidos. ¡Cuánto de lo que dejamos de hacer influye en la muerte de tantos y tantos peruanos! Si esto no nos duele entonces estamos perdiendo nuestra humanidad.

En Tiempos del Coronavirus hagamos la paz con nosotros mismos participando con acciones por la vida de todas y todos.

 

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