El dedo índice del crecimiento, por Fabrizio Anchorena

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Panamá es un país pequeño en el continente americano en comparación a otros, que alberga a algo de más de cuatro millones de habitantes pero que tiene un rol de primer actor en el crecimiento de la región. Geografía reducida pero sustancialmente importante; el Canal de Panamá le permite tener ese nivel de acción e integración, que duda cabe que estos kilómetros son puntos de conexión del mundo con otros.

Una figura en simetría con objetivos de conexión, integración y acción es el Consejo Nacional de la Competitividad –coloquialmente conocido como el CNC-, un pequeño órgano adscrito al Ministerio de Economía y Finanzas pero con alto grado de dinamismo y ejecución.

Pensar en grande, empezar por partes y escalar rápido es la visión y objetivos de esta institución y para ello más que un pacto y compromisos entre las mismas entidades del sector público, se necesita un pacto con los ciudadanos, con el Perú. Nuestro país es ese gran rompecabezas con cientos de piezas que si una de ellas no calza o peor aún falta no tenemos el rompecabezas completo, el 100% del Perú sin funcionamiento, como usualmente se dice el “motor a media caña”. Es por ello, que el rompecabezas va más allá del sector público, necesita del privado, de la academia, la cooperación internacional y demás interesados en que el “motor llamado Perú funcione a plenitud”. El CNC identifica esas piezas faltantes y las ubica estratégicamente y si no calzan las pule para que al final del día todos hablemos el mismo idioma: Un Perú más competitivo.

El gran reto de la gestión pública es pensar más allá de las personas enfocándose en las instituciones porque al final son ellas las que perduran, instituciones canalizadas en pensar en grande comiéndose el pleito de las principales reformas que nuestro sistema necesita, pareciera algo sencillo de priorizar pero la realidad es distante. Ahí entra otra vez el CNC.

A través de la Agenda de la Competitividad 2014-2018 “Rumbo al Bicentenario”[1], el Consejo Nacional de la Competitividad prioriza ocho líneas estratégicas que albergan 65 metas que establecen reformas horizontales y verticales dirigidas a tres grandes cambios: conectividad, eficiencia y productividad. A noviembre de 2015, se había cumplido un avance del 27% de la Agenda: 60.2% de capitales de provincia conectadas por sector público y privado a través de la ejecución de la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica, simplificación del trámite de licencia de funcionamiento (8,5 días hábiles para la obtención de licencia de funcionamiento[2]), implementación del Sistema de Notificaciones Electrónicas (SINOE) en más de nueve distritos judiciales, 341 000 estudiantes de secundaria pública bajo la Jornada Escolar Completa, incentivos tributarios para la Ciencia, Tecnología e Innovación (Ley N°30309 y su reglamento) para alentar inversión privada en I+D+i , S/.55 millones en dos instrumentos de articulación productiva (desarrollo de proveedores y apoyo a clusters). Estos son solo algunos de los tantos avances que tiene la Agenda y el Perú, que sin el dedo índice del CNC no los hubiéramos logrado.

La editorial de Gestión[3] señala que es preciso que los objetivos del Consejo Nacional de la Competitividad sean una política de Estado y qué duda cabe porque el único fin que persigue es lograr que la población posea un mayor nivel de bienestar y un acceso equitativo a las oportunidades de empleo. Si bien es cierto, las metas no transforman radicalmente la competitividad del país, se construyen bases del cambio enfocadas a ello, como señala Angélica Matsuda, Directora Ejecutiva del CNC.

[1] Agenda de la Competitividad 2014-2018 “Rumbo al Bicentenario” http://www.cnc.gob.pe/images/upload/paginaweb/archivo/6/Agenda%20de%20Competitividad%202014-2018_RumboBicentenario.pdf

[2] Evaluación de municipalidades fuera de Lima durante el periodo 2014-2015

[3] Editorial: Hacen falta vitaminas (Diario Gestión, martes 26 de abril de 2016) http://gestion.pe/opinion/editorial-hacen-falta-vitaminas-2159383

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