El drama de la carretera central, por Alejandro Cavero

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La carretera central es, valga la redundancia, la vía más importante de la sierra central del país. Sirve como corredor económico y turístico y de ella provienen la mayoría de alimentos que abastecen a nuestra capital. Por la carretera central transitan más de 12 mil vehículos diarios, de los cuales alrededor de la mitad son camiones que contribuyen con el dinamismo de nuestra economía. Lo hacen también, especialmente durante los feriados (como el de fiestas patrias que se aproxima), miles de peruanos que buscan desconectarse de la ciudad y salir a conocer un poco más de nuestro hermoso país.

A pesar de todo esto, el centro del Perú es, sin embargo, un lugar peligroso y lejano debido a la pésima infraestructura que posee para comunicarse.

El drama de la carretera central es un hecho. Una autopista que registra alrededor del 19% de los accidentes a nivel nacional, que posee solo una vía de ida y otra de vuelta y donde un viaje puede resultar una verdadera odisea. No solo porque la abundante carga retrasa el tráfico, sino porque a nuestro (siempre astuto) gobierno se le ha ocurrido colocar rompe muelles en una vía de dos carriles y en subida, volviendo peligrosa y arriesgada la maniobra de adelantar algunos camiones para llegar más rápido a nuestro destino.

Como si ello fuera poco, se ha instaurado una regulación de tan solo 35 kilómetros por hora en una carretera nacional. Sí, así como lo oyen. Todo esto hace que recorrer 250 kilómetros de Lima hasta la ciudad de Tarma pueda tomarnos a los peruanos alrededor de 7 horas. Algo que en una carretera como la panamericana podría tomarnos un poco más de 3.

Está claro que en una geografía como la andina pretender instaurar una carretera como la panamericana sería un absurdo, pero ¿qué cosas reales se podrían hacer para reducir el tránsito y el tiempo en el recorrido?

Carreteras paralelas. Desde tiempos coloniales la vía central del Perú ha sido el único acceso a lugares como Tarma, San Ramón o Satipo. ¿Por qué no invertir en vías paralelas que puedan desarrollarse como corredores alternativos que a su vez potencien otros pueblos que no necesariamente recorren la carretera actual? Deberíamos cambiar la política de fomentar que lo urbano venga a la carretera y pensar más en comunicar y conectar lo que hoy en día no lo está.

Horas de tránsito. Es un absurdo que un auto particular que transita por la carretera central tenga que sobrepasar 3 o 4 camiones en fila que obstaculizan una vía con un solo carril para cada sentido. Desde el Ministerio de Transportes se debería implantar una política para que los camiones de carga solo puedan transitar de las 6 de la tarde a las 6 de la mañana, de tal manera que durante el día la vía esté libre para los ciudadanos particulares que deseen poder transitar por ella.

Potenciar la vía aérea y ferrovial. Ya que restringir el horario para el tránsito de camiones de carga podría traer algunos inconvenientes a las empresas que transitan por la zona, en paralelo con esta medida se debería potenciar el ferrocarril central para permitir cumplir en parte la tarea de los camiones. El ferrocarril podría ser también de pasajeros y facilitar mucho la tortura que es para algunos manejar por las constantes curvas andinas. Asimismo, es fundamental potenciar los aeropuertos en la sierra central. No es posible que hasta el día de hoy ciudadanos como Tarma o La Oroya no cuenten con un aeropuerto que pueda recibir vuelos comerciales. Sin infraestructura jamás será siquiera posible desarrollar un mercado de consumo para este tipo de servicios.

El presidente electo Pedro Pablo Kuczysnki habló de muchos de estos problemas y propuso algunas soluciones en un artículo publicado en el diario El Comercio hace algunos meses. Es tiempo de que ahora como presidente trate de buscar una solución real y pronta al drama que vive esta carretera.