El espejo de Bambi, por Javier Ponce Gambirazio

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Llega al colegio el primer día de clases muerta de miedo de que descubran su secreto. Teme que un padre o algún profesor la pueda reconocer. Cruza el patio esperando los murmullos, pero no sucede nada. Entonces comprende que nadie podría imaginar que una bailarina transexual es maestra de literatura en la escuela pública, y se relaja. Entra al salón y escribe su nombre en la pizarra, Marie-Pierre Pruvot. Empieza así su primera lección.

El documental Bambi (2013) dirigido por Sébastien Lifshitz y ganador del Teddy Award del Festival Internacional de cine de Berlín nos cuenta su historia en primera persona, en tono de confidencia, no de confesión; porque se confiesan los delitos no los aciertos. Marie-Pierre regresa a su pueblo natal en Argelia para reencontrarse con su pasado y constatar que todo ha cambiado. Los recuerdos no encajan en las ruinas y rodeada de esos vestigios irreconocibles se pregunta cómo pudo ser feliz y soportar a la vez tanta infelicidad.

En 1935 nace en Isser un niño que se siente niña. Una mujer prisionera en un cuerpo que no le corresponde, cercada por una familia que no entiende nada y la obliga a la falsedad. A escondidas lucha contra su propia imagen y viste la ropa de su hermana buscando reflejar en el espejo su verdadera esencia. Jean-Pierre odia su nombre porque representa lo que no acepta ser. Cuando su madre lo descubre, lo acusa de ser homosexual. Imposible, dice ella, ser homosexual es ser hombre. Y yo soy una mujer.

Cuando tiene 17 años, el Carrousel de París está de gira en Argelia y, al ver a las travestis recibiendo al mismo tiempo la admiración y la condena moral del público, Jean Pierre exclama: ¡esto es lo que soy! Descubre entonces que su sueño es realizable y decide irse a París. Bajo la supervisión de Madame Arthur, la maestra del Carrousel, adopta el nombre de Bambi y se convierte en una gran estrella. Los aplausos la cubren de éxito, graba varias películas y su madre abandona Argelia para irse a vivir con ella. Luego sigue los pasos de su amiga Coccinelle y viaja a Marruecos donde se hace una vaginoplastía. Tras varios intentos, las autoridades argelinas le emiten una nueva cédula de identidad, femenina y con su nuevo nombre. Así nace Marie-Pierre. Por fin puede pasear por las calles de París vestida de mujer, sin temor a ser atacada por la policía que ha jurado exterminar a los transexuales.

Las primeras señales de caducidad le dan la alarma alrededor de los 30 años, cuando un cliente la considera una vieja gloria del espectáculo. La vida en el cabaret no durará para siempre, hay que buscar una salida. Como nunca es tarde para retomar lo que se ha dejado a medias, vuelve al colegio, termina su bachillerato y con 33 años entra a la Sorbona donde se licencia en literatura. Luego obtiene el CAPES (Certificado de Aptitud para Profesores de Enseñanza Secundaria) y consigue una plaza de profesora en uno de los mejores sistemas educativos del mundo.

Sus alumnos viven agradecidos por su exigencia y su calidad pedagógica, pero sobre todo por el ejemplo de una vida dedicada a la honestidad. Luego de 29 años de docencia y dos libros publicados, Marie-Pierre Pruvot recibe la Orden de las Palmas Académicas (l’ordre des Palmes académiques), un importante reconocimiento del estado francés al mérito en el campo de la cultura y la educación. A los 81 años, Bambi sonríe y por fin el espejo le devuelve la imagen que siempre tuvo de sí misma.

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