El estilo PPK, por Raúl Bravo Sender  

387

Ya contamos con Presidente de la República, oleado y sacramentado, para el periodo 2016-2021. Se trata de Pedro Pablo Kuczynski, quien durante estos días de festividades patrias –inclusive desde la campaña presidencial- ha llamado la atención respecto de ciertos gestos (bailes y pasitos) que han causado simpatía entre la población y los medios, aunque algo de rechazo entre algunas agrupaciones políticas que los ven como opuestos a la alta investidura presidencial.

Ahora bien, PPK es un ser humano como cualquier ciudadano. Es cierto que ostenta la más alta magistratura que debe estar sometida a ciertos protocolos y códigos de comportamiento en especiales circunstancias. Pero de allí a forzarlo a que pierda su espontaneidad, colocándole una camisa de fuerza, sería atentatorio a su propio yo, el cual no puede anularse. Cada Presidente imprime su sello. Deberemos acostumbrarnos entonces a las ocurrencias de PPK, que para nada opacan su cargo.

Sin embargo ¿podrán la personalidad, el carácter y el temple del nuevo Presidente, ser instrumentos a los cuales pueda recurrirse para establecer buenas relaciones entre el Gobierno y el Parlamento? ¿Podrá el ya popularizado pasito de PPK ayudarle a bajar las tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo? Las actitudes pueden marcar la diferencia. Por lo pronto el fujimorismo ya mostró el lado oscuro de su fuerza “popular” mostrándose indiferente ante el discurso presidencial del 28.

Kuczynski debe ser él mismo. No queremos un Presidente que finja serlo. Hacía mucho tiempo que le faltaba espontaneidad a la clase política. El rigor de las ceremonias, sumado a los lentes y reflectores de las cámaras, le ha hecho perder a los políticos la autenticidad, la honestidad y la decencia que reclama el pueblo. Sin embargo, sería peligroso llevar a la política peruana al extremo del escenario de la chabacanería y el ridículo, contextos que no veo en los gestos de PPK.

Los electores pudieron haberlo elegido a PPK por múltiples factores (carisma, experiencia, conocimientos, honestidad, etc.), pues cada quien y su conciencia los compulsa. Pero ¿en cuál de aquellos debe fundar su autoridad frente a todos los peruanos, incluido el adverso Congreso de la República? En principio, Kuczynski por legalidad es el Presidente de todos los peruanos. La legitimidad y la autoridad se las ganará en la medida que responda a las expectativas de cada uno de los peruanos.

Necesitamos un negociador. La real política, la del día a día, la que se teje en medio de pasillos y lobbys, necesita de actores políticos que, en vez de dividir, tiendan puentes. Y las actitudes y gestos pueden ayudar mucho en ese propósito. Por lo pronto, mientras PPK –con sus para algunos ridiculeces y payasadas- ya se metió al bolsillo al soberano pueblo peruano, el fujimorismo –con su actitud tal cual niño melindroso que no quiere que le den en la boquita- se ha alejado del mismo.

En estos cinco años que serán duros y difíciles, debido a la configuración del reparto de las cuotas de poder que nos dejó el último proceso electoral, el mejor aliado que puede tener PPK es el pueblo y la opinión pública. Y parece que lo ha entendido muy bien. Sin embargo, no se trata tampoco de recurrir a las romanas prácticas de pan y circo, pues el país urge de medidas y reformas que reactiven la economía nacional y frenen la ola de delincuencia e inseguridad ciudadana.

Durante los 195 años de historia republicana, en el Perú hemos visto desfilar por Palacio de Gobierno a cada Presidente que trajo consigo su humor y sus costumbres. El trato y las formas pueden pesar más que el fondo. Quizás PPK haya encontrado en esos gestos de júbilo por las fiestas patrias –y por el mismo hecho de haber asumido como Jefe de Estado, que es ya un motivo más personal- la manera de decirnos a todos los peruanos que nos olvidemos de los rencores y veamos el futuro con optimismo.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.