El famoso Decreto de Urgencia 003, por Eduardo Herrera Velarde

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“La verdad te hará libre” dicen que dijo, valga la redundancia, el mismo Jesús a sus discípulos. La verdad es un asunto, aunque parezca contradictorio, bastante relativo. Podría decirse que no hay verdades absolutas y todo depende del cristal con que se mira.

Pero dejando de lado tanta abstracción, por no decir otra palabra más indecorosa, me gustaría decir lo que considero mi verdad respecto a este famoso Decreto de Urgencia N° 003-2017.

La verdad, según mi modesto entender, es que esta norma tiene nombre propio, y no recuerdo que nadie haya piteado por eso. Claro, porque en este asunto donde abundan los fariseos, pegarle al muerto y colocarse en el bando de los buenos, suele ser un negocio conveniente.

La otra verdad, según yo, es que esta norma trasluce la poca –chata– mirada respecto a la prevención de la corrupción. Entonces, y como no estamos preparados, corremos detrás del hueco para buscar taparlo con lo que se pueda; literalmente.

Y qué les puedo decir de la modificatoria que se pretende al mencionado DU. Llega al extremo de condenar al que se presume inocente. La sospecha al grado máximo, sin un hilo de estrategia ni prudencia; estamos desesperados por mostrar acción, o mejor dicho reacción. La seguimos embarrando, porque el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Detrás de todo esto, está el maniqueísmo. Dicho en otros términos, o estás a mi favor o en mi contra. Ay de aquel pobre infeliz que se oponga al látigo anticorrupción. Visto así, el DU pisa a todos (incluyendo a nuestra Constitución).

Las cosas, de acuerdo a mi modo de ver, no son buenas ni malas, todo depende de qué uso les demos. Seguramente hay empresas malas (y ojo, no es solamente “la de moda” la única que se equivoca), pero también hay de las buenas, las que pretenden hacer bien las cosas. No obstante, decir que la categoría empresario es sinónimo de corrupción es, por decir lo menos, un apresuramiento. Actualmente en este intento de mostrarse “anti corruptos” estamos llegando a la tiranía, a una cruzada ciega que no distingue lo bueno de lo malo, esto esencialmente porque no hay estrategia, ni idea de lo que significa – en principio – el fenómeno de la corrupción.

Entonces calma, calma y calma. Solamente la verdad nos dará tranquilidad; para eso hay que saber buscarla.