El fomento excesivo de expectativas lleva a la frustración, por Federico Prieto

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Es obvio que el fomento excesivo de expectativas lleva a la frustración, por lo que los políticos deberían consultar a expertos en otras materias  -como sociólogos o economistas- las cosas que se prometen conseguir, porque si no se consiguen frustran a la población. Ello lleva consigo el desprestigio de la clase política.

Lo hemos visto en el fútbol peruano. Es opinable lo que dicen algunos expertos, sobre si el entrenador debió poner a Guerrero desde el principio, para que meta goles y patee penales, y solamente lo hizo a mitad del segundo tiempo. La expectativa peruana de ganar el partido, o al menos empatar, se ha visto frustrada. El entrenador ha sido el más perjudicado por algunas críticas, con  razón o sin ella, porque el que sube más alto más bajo se cae.

Me decía un profesor universitario que se está haciendo mucho mal a la juventud peruana incentivándola demasiado a emprender una iniciativa empresarial al terminar sus estudios universitarios, porque no todos tienen ese don natural de moverse independientemente en el mundo del trabajo, por lo que muchos jóvenes fracasan y ven el trabajo dependiente como un mal menor y no como una alternativa tan válida como la de emprender un trabajo por cuenta y riesgo.

La campaña sistemática para masculinizar a las mujeres está llevando a una frustración ciega y silenciosa de muchas personas de sexo femenino, porque la naturalidad les lleva a portarse como lo que son –mujeres- y no como lo que no son –hombres- pero no pueden enfrentarse frente a la moda ideológica de imitar a los varones cueste lo que cueste.

La demagogia de pensar que todos los peruanos van a salir de la pobreza en la ciudad y en el campo, que la formalidad va a eliminar a la informalidad en poco tiempo, que el Perú será un país desarrollado de la noche a la mañana son algunos de los factores de frustración de los habitantes de este país, que no cuenta con líderes municipales, regionales o nacionales, capaces de decir lo que realmente se puede lograr a corto plazo.

El periodismo es compañero de viaje de las falsas expectativas, por lo que tiene que ponerse a tono con la realidad, e inyectar realismo a sus informaciones y comentarios. No nos animen diciéndonos, por ejemplo, que hay que volver a cambiar a los ministros de estado para que el gobierno funcione mejor, porque no sabemos lo que pasará si los cambian en 28 de julio.

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