El fracaso de la Constituyente, por Alfredo Ghersi

"Al igual que un edificio mal diseñado colapsara, la fórmula para escoger a los Constituyentes en Chile fue lo que selló su destino desde un comienzo"

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El pasado domingo cuatro de septiembre el pueblo chileno rechazó de manera contundente el proyecto de Nueva Constitución. El 62% de la población votó en contra de una propuesta controversial que proponía debilitar el Senado, regresar la figura de la reelección presidencial, aumentar la intromisión del Estado en la Economía, e introducir conceptos como la plurinacionalidad y sistemas jurídicos independientes para los pueblos originarios.

Fuera de que paradójicamente muchos de los cambios propuestos en este fallido texto constituyente se pueden encontrar en nuestra propia constitución (plurinacionalidad, derecho consuetudinario, defensor del pueblo), queda claro de que esta propuesta no logró cautivar a la población chilena. La pregunta entonces sería, ¿cuáles son los motivos por los que triunfó el rechazo de manera tan aplastante?

Al igual que un edificio mal diseñado colapsara, la fórmula para escoger a los Constituyentes en Chile fue lo que selló su destino desde un comienzo. Cualquier iniciativa política requiere de legitimidad y representatividad con sus ciudadanos, especialmente en un referéndum.

La fórmula elegida para escoger a los constituyentes se fijó en 155 integrantes, con 17 escaños reservados para los representantes de los pueblos indígenas, lo que supuestamente era representativo, dado que alegaban que el 12% de la población chilena se identificaba como miembros de estos grupos.

Sin embargo, solo 282,629 personas votaron por estos 17 escaños, mientras que para la elección del resto de los constituyentes votaron cerca de 6,184,594 personas. Es decir, de manera completamente desproporcionada el 1.49% de la población chilena eligió cerca del 11% de los constituyentes.

Esta distorsión democrática culminó en la instalación de una convención completamente dominada por los sectores más radicales de la izquierda chilena, quienes, embriagados por su victoria electoral, pensaron que podían imponer sus proyectos políticos a gusto y que estos serían aceptados por la población.

El otro factor que determinó el triunfo del rechazo sería que por primera vez se estableció el voto obligatorio para el referéndum de salida, donde se tenía que ratificar este nuevo texto. Así, muchísimas de las personas que no votaron en el plebiscito de entrada se vieron repudiados por un texto poco representativo y con claros tintes de autoritarismo de izquierda, cuyo radicalismo asustó a gran parte de la población. Mientras el plebiscito de entrada tuvo un 50.98% de participación, el plebiscito de salida tuvo un 85,84%.

El resultado final fue bastante claro: el apruebo perdió 1 millón de votos del plebiscito de entrada en el año 2019 al plebiscito de salida. Mientras tanto el rechazo terminó ganando seis millones de votos en una elección sin precedentes para toda nuestra región, siendo una de las pocas veces en la historia que se ha rechazado la incorporación de una nueva constitución mediante referéndum.

Incluso después de estos resultados vergonzosos la obstinada agenda constituyente perdura en pie en Chile, donde todo indica que intentaran ir por un segundo round. Veremos si es que logran aprender de sus errores.