El heredero de la doctrina Fujimori, por Franco Gonzales

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La historia nos enseña que todos los procesos son cíclicos, y específicamente, la historia del Perú evidencia que las prácticas electorales que alguna vez funcionaron se vuelven a reciclar y se  reencarnan en otras figuras, en donde la esencia permanece intacta. Eso pasa cuando veo a Cesar Acuña, veo mucho de Fujimori en él. Como si Acuña fuera en espíritu un Fujimori a cartas cabal, como si compartiera el deteriorado linaje de la misma Keiko. No, no estoy exagerando, requiere adentrarnos un poco más en la similitud de los contextos y encontraremos una verdad escalofriante: Acuña es histórica y políticamente el digno descendiente de Alberto Fujimori.

En la década de los 90 salimos de la hiper inflación y vencimos al terrorismo en el Huallaga, dos  razones por las que Fujimori será siempre alabado, sin embargo sus acérrimos seguidores ignoran la otra cara de la moneda, y eso es, el atentado moral, social, y político que le ocasionó Alberto Fujimori Fujimori al Perú. Y estos atentados se basaron en la personalidad de un hombre que se sentía omnipotente, que no conocía límites y que en algún momento sintió que con el poder y el dinero lo podía hacer todo posible. Fujimori desconoció la ley, desconoció la institucionalidad, desconoció la moral, desconoció los principios básicos de la democracia y como deberíamos saberlo, si tenemos algo de memoria histórica, Fujimori acaparó todos los poderes del Estado y a la prensa y los subyugó a su control. Fujimori no sólo tenía plata como cancha para comprar congresistas y jueces en la salita del SIN, sino que también había poder como cancha para hacer del Perú su parque de diversiones, cosa que eventualmente termino haciendo.

¿Cómo logró legitimarse Fujimori? Si a claras luces había atentado contra el Estado de Derecho, había violentado la democracia, se burlo de los derechos humanos y había resquebrajado la institucionalidad en el Perú. Lo que tenía Fujimori era el apoyo popular, y se lo había ganado a pulso, dándole a la gente lo que quería, lo que más necesitaba. Fujimori se aprovechó de la condición social de millones de peruanos para maniatar sus consciencias y condicionarlos a servirle por unos kilos de arroz, un poco de fideos y unas cuantas latas de atún.

La doctrina Fujimori era la del comprar consciencias, la de los métodos clientelistas, la del con la plata todo se hace, la del «te doy un regalito y me aseguro el voto», la del «te doy lo que necesitas para hacerte vivir la ilusión de que te hago prosperar, cuando la verdad es que me estás vendiendo el Perú por un plato de lentejas». Y la doctrina Fujimori no acabo en Alberto si que continúo en Kenji y en Keiko. No olvidemos los sorteos de cocinas de Kenji en el año 2011 cuando visitaba asentamientos humanos y pueblos jóvenes. Ese año Kenji salió congresista más votado del Perú. ¿Por sus propuestas? ¿Por sus ideales? ¿Por su trayectoria? Por qué con lo millones que tenía monto la mejor campaña que se pudo haber montado en materia de dádivas.

Nadie sabía que por lares trujillanos se levantaba una figura siniestra, un hombre que tras conquistar el norte con la filosofía de la «plata como cancha» iba a intentar conquistar todo el Perú. Un sujeto que ya había sido congresista, Alcalde , Gobernador, y había fundado cuatro universidades. «Solo me falta ser presidente del Perú» expresó en su momento el Sr. Acuña. El resto de la historia la conocemos, el candidato de Alianza para El Progreso tiene un 12% en las encuestas y amenaza con querer ser protagonista en la segunda vuelta.

El problema en el Perú es que olvidamos. Al olvidar estamos condenados a reincidir en los mismos errores. Olvidamos que nada bueno puede emanar de un hombre que se endiosa a sí mismo y que cree que el mundo es de él porque hay recursos como maíz. Más allá de las abismales diferencias intelectuales y académicas entre Alberto Fujimori y César Acuña, estando este último en una clara desventaja frente al japonés, sus formas de realizar campañas electorales y sus método para captar el apoyo popular y buscar legitimarse políticamente son extremadamente parecidas. Si personajes como Acuña vuelven a tener éxito en la política peruana es porque nosotros lo permitimos, porque concedemos demasiado, porque somos demasiado permisivos con esa «raza distinta» de políticos que han arruinado históricamente al Perú. César Acuña sí estudio, estudio en la UJP (Universidad para Joder a los Peruanos) fundada por Alberto Fujimori,  y salió con el grado de doctor especializado en clientelismo y cinismo, eso sí, por favor no olvidemos, con calificación sobresaliente.

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