El hombre de la alegría, por Alfredo Gildemeister

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El pasado domingo 16 de noviembre falleció en Pamplona, España, don Ismael Sánchez Bella, el hombre que por encargo de San Josemaría Escriba de Balaguer, fundó la Universidad de Navarra y fue su primer rector. Conocí a don Ismael a comienzos del mes de octubre de 1991. Acababa de llegar a Pamplona con mi esposa, recién casados, a efectuar los estudios de Doctorado en Derecho. No conocía a nadie en la universidad y una de las asignaturas que llevaba se denominaba “Gobierno de la América española (Siglos XVI-XVIII)” cuyo profesor era nada menos que un tal Ismael Sánchez Bella. Era una de las asignaturas que uno podía llevar para la obtención del grado de doctor, además de elaborar y defender la tesis doctoral. La primera vez que lo vi a don Ismael fue en clase. Inmediatamente hubo sintonía, química entre los dos. Mas que español, parecía americano en su manera de ser, activo, dinámico, eléctrico se diría casi. Sus clases eran muy amenas y hasta divertidas. Por mi parte participaba con preguntas y comentarios y eso a él le gustaba. Luego de clases nos quedábamos conversando y discutiendo sobre temas diversos de historia. Debo mencionar que don Ismael era uno de los mejores especialistas en Derecho Indiano del mundo. Luego nos íbamos a su oficina y nos tomábamos unos “cortaos” de café. Le contaba del Perú y todo lo que veníamos pasando con el terrorismo y la hiperinflación. Don Ismael era un hombre muy activo, no se estaba quieto, pero lo que más destacaba en él era su alegría y paz interior. Era un hombre que, pese a las preocupaciones y problemas del momento, nunca perdía la alegría ni la paz. Era muy positivo y siempre encontraba una solución para todo. Poco a poco nos fuimos haciendo amigos y teniéndonos una gran confianza. Le comenté de nuestras angustias económicas en Pamplona, y al poco tiempo le consiguió un trabajo a mi esposa en el Edificio Central de la universidad. Prácticamente, don Ismael nos adoptó a mi esposa y a mi. Para mí fue todo un privilegio.

Al poco tiempo mi esposa y yo lo invitamos a cenar a mi piso (departamento) y por supuesto, a comer comida peruana. Se apareció con una hermosa caja de finas trufas de chocolate -pues don Ismael era un hombre muy fino y encantador- que las compraba, nos contó, en el “Florida”, conocida pastelería en el casco viejo de Pamplona. Le encantó el ají de gallina, la carapulcra y el lomo saltado. En esa primera cena, de las muchas que tendríamos, nos contó como fundó la universidad de Navarra por encargo de San Josemaría Escriba. Don Ismael lo contaba con mucho humor y se divertía recordando los mil y un avatares que le sucedieron. Vivía por aquellos años en la ciudad de Rosario, Argentina, y un buen día lo llama San Josemaría desde Roma, y le pregunta como si nada, si podía viajar a Pamplona a fundar una universidad. Don Ismael se quedó medio intrigado por el encargo y le dijo que sí, y le preguntó que cuanto dinero le enviaría para hacer el viaje hasta España, buscar un local apto en Pamplona, hacer las gestiones administrativas para la fundación, etc. San Josemaría le preguntó más bien, “¿Con cuánto dinero cuentas tú?” Ante lo cual don Ismael se quedó mudo pues no contaba con nada. “Tu ve como haces” -le respondió San Josemaría- “pero eso sí, quisiera que el primer curso comience este próximo mes de octubre”. Eso fue todo. De allí que Ismael partió para España en un barco en tercera clase, y se entretenía mirando a esos “bichos” saltar en el mar, esto es, los delfines, pues se aburría abordo. El asunto fue que llegó en un mes de julio a Pamplona, ¡en plenos Sanfermines! Razón por lo cual todo estaba cerrado y todo el mundo de juerga. ¿Cómo fundar en esas circunstancias una universidad? No pregunten cómo, pero la cosa fue que don Ismael movió cielo, mar y tierra hasta que encontró un local, la antigua “Cámara de Comptos reales” de Navarra. Un lugar histórico de fría piedra, en el casco viejo pues fue la cámara de cuentas en las épocas del Reino de Navarra. Buscó profesores y alumnos. Fue así como un 17 de octubre de 1952 se crea el Estudio General de Navarra. La idea era crear una escuela de Derecho. De allí que el día de la inauguración del acto académico, hubo desfile académico por las calles, acto académico y todo lo demás en el Salón del Consejo Foral de Navarra, en la Diputación. El primer curso de Derecho se inició nada menos que con 48 alumnos y 8 profesores. Nada mal.

Así era don Ismael. Lo que se proponía lo lograba. Para él no había nada imposible. Fue el primer rector desde 1954 hasta 1960. Luego fue vicerrector hasta 1986. Yo lo conocí como catedrático y presidente de la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de la universidad, por lo que con su simpatía y gran personalidad solicitaba estupendas donaciones de empresarios y personas que en lo que podían ayudaban a la universidad. Se alegraba mucho cuando la gente respondía con generosidad. Don Ismael me animó y ayudó mucho en mis tres años que estuve haciendo el doctorado. Una vez se apareció en mi piso con un álbum de fotografías. “Mira -me dijo- este es mi álbum personal con cartas y fotografías de un santo”. Y me mostró su correspondencia con San Josémaría -que en aquellos años no era santo aun- así como algunas fotografías muy bonitas. Cuando nació mi primer hijo, Alfredo, don Ismael asistió a su bautizo en la Iglesia de San Nicolas, lo cargó con todo y luego fue a mi casa. Se hizo muy amigo de mis padres que vinieron a España para el nacimiento de mi hijo. Otro día Ismael nos invitó a almorzar al comedor privado de lujo que la universidad tiene en reserva para ocasiones especiales. Terminada mi tesis, estuvo humildemente entre el público asistente en la defensa de mi tesis doctoral. Era un amigo que nunca fallaba. Finalmente, para el acto de investidura del título de doctor y al ver que no tenía toga ni birrete ni me la iba a mandar a hacer pues era muy caro, me prestó nada menos que su propia toga de rector. Fue todo un honor doctorarme con su toga y el olor rojo de Derecho. Así era don Ismael. Un hombre moderno, activo, humilde y generoso que se adelantaba a todos y a todo, pero, sobre todo, siempre con una alegría desbordante. Aun guardo su libro autografiado que me regalara sobre Derecho indiano, las fotografías que nos tomamos con mi familia y el “casette” donde le gravé cuando nos contó la fundación de la Universidad de Navarra. Joyas que guardo con mucho aprecio. El pasado domingo 16 de diciembre se fue al Cielo a los 96 años de edad. Definitivamente don Ismael fue un hombre fuera de serie, el hombre de la alegría eterna.

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