El Hospital Real de San Andrés

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En la cuadra ocho de jirón Huallaga, en los Barrios Altos de Lima, a pocos pasos de la plaza Italia, antes de 1910 llamada de Santa Ana por la iglesia y hospital que mandó edificar en 1549 fray Jerónimo de Loayza, primer arzobispo de Lima, se encuentra, aunque mutilado, el complejo arquitectónico que albergó durante el virreinato al hospital real de San Andrés, al anfiteatro anatómico y al real colegio de medicina y cirugía de San Fernando, creados en 1551, 1792 y 1808 respectivamente.

Casi inmediatamente después de fundada la Ciudad de los Reyes en 1535, se vio necesario edificar hospitales que pudieran atender los requerimientos de la población. Es así como en 1539 se creó una casa enfermería en la Rinconada de Santo Domingo, al lado del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario, que más tarde, en 1551, daría origen al hospital real de San Andrés.

Durante el siglo XVI se fundaron en la capital del virreinato alrededor de 10 hospitales. Estos eran atendidos muchas veces por religiosos y se diferenciaban unos de otros por quienes eran atendidos en sus claustros. Al igual que la sociedad, la estructura hospitalaria estaba segmentada por casta, género, ocupación y condición social. Así estaba el hospital de Santa Ana para naturales; el hospital real de San Andrés para españoles y criollos; el hospital de Santa María de la Caridad para mujeres pobres, fundado en 1563; el leprosorio de San Lázaro, de 1559; el hospital del Espíritu Santo para marinos, de 1575; el hospital de San Diego, fundado en 1593 y cedido en uso en 1606 a los frailes de San Juan de Dios; el hospital de San Pedro para sacerdotes de 1594 y el de Nuestra Señora de Atocha para niños huerfanos y expósitos, de 1598.

Años después, en 1648, aparecieron los hospitales de Nuestra Señora del Carmen y de la doctrina indígena de Santiago del Cercado, el primero cedido posteriormente a los padres bethlemitas. Se establecieron también el hospital de San Bartolomé, para negros esclavos y libres, fundado en 1646 por fray Bartolomé de Vadillo y el hospital y refugio de incurables de Santo Toribio de Maravillas fundando en 1669.

De estos hospitales muchos estuvieron en Barrios Altos. Tres de ellos: el de Santa Ana, San Andrés y San Bartolomé, en el entorno inmediato de la actual plaza Italia, que en aquellos tiempos se usaba para cultivar hierbas medicinales. La ubicación de estos sanatorios respondía a que entonces se pensaba que la altura relativa de la zona con respecto a la ciudad favorecía la ventilación y evitaba las “miasmas” que ocasionaban las epidemias.

El hospital real de San Andrés, que hasta entonces iba a llamarse de la Concepción de Nuestra Señora, comenzó a construirse sobre los cuatro solares que el Cabildo adquirió a Juan Morales Espadero en 1545; sin embargo no fue hasta la llegada del virrey don Andrés Hurtado de Mendoza, a quién debe su nombre la fundación, que se hizo labrar el hospital y la capilla. Fue él quien lo dotó de renta y nombró como patrón al Rey y a los virreyes del Perú en su nombre. Doscientos años más tarde, en 1792, siendo virrey don Francisco Gil de Taboada y bajo la dirección de Hipólito Unanue, se creó el anfiteatro anatómico dentro del complejo de San Andrés. Finalmente en 1808 fue el mismo Unanue, siendo protomédico del virreinato, quién bajo la orden del virrey Abascal organizó el real colegio de medicina de San Fernando, que mantuvo este nombre hasta llegada la república en que empezó a llamarse colegio de la Independencia.

Hacia 1875 parte del conjunto monumental dio paso al ministerio de Gobierno, luego en 1907 se edificó la prefectura e intendencia de policía, actual comisaría. Ya durante el siglo XX el complejo de San Andrés fue administrado por las hermanas vicentinas de la Caridad y por las Hijas de María Inmaculada. Finalmente fue ocupado por un colegio hasta el 2007 que fue abandonado y declarado inhabitable.

Vale la pena señalar que se tiene noticia que en 1559 el licenciado Polo de Ondegardo, siendo corregidor del Cusco, descubrió las momias de algunos monarcas incas, a las que los naturales seguían rindiendo culto en secreto. Ondegardo destruyó la mayor parte de las mismas, a excepción de cinco que encontró en extraordinario estado de conservación, las mismas que fueron llevadas al hospital de San Andrés por orden del virrey, con el fin de ser exhibidas en un lugar restringido a españoles.

Se sabe también que Garcilaso de la Vega antes de partir a España visitó en Cusco la casa de Ondegardo y pudo ver allí las momias de sus ancestros, de las que hizo descripción pormenorizada en su obra “Los Comentarios Reales de los Incas”. Luego, a pesar que muchos debieron verlas, no se sabe de ellas hasta la descripción escrita por José de Acosta en 1590 y luego hasta 1638 en que Antonio de la Calancha confirma que estas “están en un corral del Hospital de San Andrés”. Después, no se vuelve a tener noticias al respecto, hasta las excavaciones de 1876, realizadas por Teodorico Olaechea y José Toribio Polo; y a las de 1937 por José de la Riva-Agüero, en las que no se halló nada. Posiblemente las momias fueron enterradas en algún lugar desconocido del hospital y esperan aún hoy ser descubiertas.

1 El primer hospital edificado en las Indias Occidentales fue el de San Nicolás en Santo Domingo, fundado entre 1502 y 1503.
2 Las momias eran de tres gobernantes incas y dos collas, una de ellas del gran Pachacuti Inca Yupanqui.

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