El legado de los servidores públicos, por Verushka Villavicencio

"Sucede que los cuadros técnicos no comparten sus conocimientos con sus áreas pares, porque no transversalizan la información y se han acostumbrado a trabajar por sectores. Están preocupados en seguir los procedimientos para evitar sanciones y se niegan a la posibilidad de innovar"

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El presidente de Austria, Alexander Van Der Bellen, usa el transporte público todos los días para ir a su trabajo. Sube al tren junto con otros ciudadanos. La foto publicada en el twitter de David Lois es elocuente y cita esta frase: “una ciudad avanzada no es en la que los pobres pueden moverse, sino en la que incluso los ricos utilizan el transporte público”.

Políticos como él entienden que el desarrollo humano se fomenta cuando se habla con el ejemplo. Los ciudadanos siguen a los políticos que sienten cercanos y que promueven con sus conductas formas de ser y sentir cotidianas. Ahora se cree lo que se ve, ya no los discursos.

Aunque Van Der Bellen usa el tren por necesidad, sabe también que es una forma de darle seguridad a la población sobre las políticas ambientales que implementan en dicho país. Su conducta impacta en la sociedad civil.

Bajo este concepto, los funcionarios públicos también pueden ayudar a formar capacidades de gestión. Uno de los grandes problemas en la gestión pública es la continuidad en las políticas de gobierno. Sucede que los cuadros técnicos no comparten sus conocimientos con sus áreas pares, porque no transversalizan la información y se han acostumbrado a trabajar por sectores. Están preocupados en seguir los procedimientos para evitar sanciones y se niegan a la posibilidad de innovar. No existe la tendencia del trabajo transversal de equipos de diferentes gerencias en función de un objetivo común.

Otro tema es la transferencia poco fluida de conocimientos entre funcionarios y técnicos. Lo político no conversa con lo técnico. Entonces, cada funcionario trabaja con su gente y la confluencia con otros equipos es nula, más aún si son de determinados partidos políticos.  En el campo, los técnicos no se ven como aliados que trabajan para servir al ciudadano, sino como competidores: cada quien en función de su tienda política.

En esta lógica, vale la pena preguntarnos dónde se ubica el ciudadano, pues es quien gracias a sus impuestos, financia el sueldo de funcionarios y técnicos. Se sitúa como receptor del resultado de esta disyuntiva. Pero no todo está perdido. La pandemia nos ha enseñado que si se unen esfuerzos desde diferentes sectores se logra avanzar. La VACUNATON es un ejemplo de transversalización de una política de salud que integra a gobierno, empresa, universidades y voluntarios.

En el día a día, cada funcionario podría formar a su gente, transfiriendo conocimiento de lo político a lo técnico. Esta enseñanza es un legado en función de instalar capacidades para la gestión del futuro. No es pensar en el poder sino en la obra para los ciudadanos.

Si más funcionarios públicos formaran a su gente, tendríamos más técnicos formándose para ser funcionarios y tal vez políticos. Entendiendo la política no como partido sino como forma de hacer “polis”, es decir “gestar ciudades”. Alexander Van Der Bellen comprende bien que esto es entrar con pequeñas acciones en el imaginario de los ciudadanos. Ese es su legado.