El mar de Grau como eje integrador, por Michel Laguerre Kleimann

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El gobierno acaba de nombrar al año 2016 como el año de la “Consolidación del Mar de Grau”. Al respecto, pienso que presentar un pequeño ejemplo de la potencialidad histórica y de integración que este espacio ostenta, ayudaría a comprender esta decisión.

Es común enseñar en los colegios que el Perú se encuentra dividido en tres grandes regiones naturales: la selva, la sierra y la costa. Esta limitación espacial deja de lado a una cuarta región de similar importancia para el desarrollo y el entendimiento histórico del país: el mar. De hecho, una manera de comprender en conjunto nuestra historia es considerando los procesos humanos que ocurrieron sobre las aguas denominadas por Vasco Núñez de Balboa como “La Mar del Sur”.

La Bahía de Guayaquil es un ejemplo de esto. Sus aguas son un rico testimonio de la estrecha relación entre los habitantes de los actuales Perú y Ecuador que data desde los tiempos prehispánicos, se consolidaron durante el virreinato y continúa vigente hasta el día de hoy.  El cronista Anello Oliva relató el viaje de Quitumbe –hijo del cacique de Santa Elena– hacia Tumbes en unas balsas “propulsadas” con guares y hechas de caña de Guayaquil. Por otro lado,  Miguel Cabello de Balboa describió la navegación hacia la Polinesia por parte del Inca “navegante” Túpac Yupanqui a bordo de embarcaciones tripuladas con marinos habitantes de Manta, reforzando la idea de la antigua integración del litoral sudamericano. Esto sin nombrar a la apreciada spondylus.

Durante el virreinato, los marinos Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa y de la Torre-Girault describieron a Guayaquil como un espléndido centro para la construcción naval. “Tenían fama los barcos que botaban en Guayaquil por la ligereza de sus quillas y la calidad superior de su madera, que excedía en solidez y duración a las más acreditadas” (Lohmann 1981: 266).

A finales del siglo XVIII, Juan Bautista de Elizalde y Echegaray, sobrino de Antonio y José Matías de Elizalde –miembros conspicuos de la elite comercial peruana y altos funcionarios del Tribunal del Consulado de Lima– se avecindó en Guayaquil y contrajo matrimonio con Josefa de la Mar y Cortázar, hermana del mariscal José de La Mar. Entre sus hijos estuvieron los guayaquileños Juan Francisco y Antonio de Elizalde, quienes participaron en la independencia de Guayaquil  [9-X-1820], deponiendo al gobernador de dicha localidad quien era el brigadier de la Real Armada Joseph Pascual de Vivero y Salavarria, quien a pesar de haber sido condecorado con la orden de San Hermenegildo por su lealtad a la Corona, abrazó la causa patriota y llegó a ostentar el grado de vicealmirante y el cargo de comandante general de la republicana armada peruana.

Luego de la declaración de la independencia del Perú, el Suplemento a la Gaceta de Gobierno publicó el “Reglamento provisional de comercio para los puertos de Chile, Guayaquil, Realejo, Sonsonante […]”, en cuyo considerando sostenía que “[…] se han consultado las relaciones de amistad que deben estrechamente unirnos con los gobiernos libres con quienes continuamos al Sur y al Norte. Identificados en la defensa comun [sic] de nuestra amada independencia, (de la Puente 1981: 116).

Durante la República, y a pesar de los conflictos armados que se sostuvieron, la relación humana y comercial no dejó de estrechar los lazos que los añosos siglos forjaron. En efecto, podemos confirmar el hecho de que somos hijos de padre español y de madre inca (de Trazegnies 2013: 27-28), aseverarando que lo que hoy entendemos como “globalización” y sus procesos, nos han abierto las puertas para el progreso y desarrollo de nuestros pueblos, siendo el mar parte y entorno de esa realidad marítima y de sus intereses, que en el país tendrá siempre a la Marina de Guerra del Perú como su principal cultor.