El más poderoso… y el segundo

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Dice la revista “Forbes” que Vladimir Vladimirovich Putin es el hombre más poderoso del mundo. Seguido de Barack Hussein Obama II. No será por edad, pues el ruso sólo le lleva un año al estadounidense. ¿Será quizá porque es más fácil ser poderoso en una dictadura que en una democracia? Pero, ¿quién dice que Rusia es una dictadura? Es una democracia, sin duda, pero un poquito especial, quizá democracia presidencialista que algunos años fue “primeroministrialista”, ¿de repente democracia “alla putinesca” (no confundir con la “puttanesca”, interesante salsa para spaghetti, típica de la Italia central).

La verdad es que el pobre Obama está en horas bajas. Encara sus dos últimos años de mandato sin haber realizado plena y satisfactoriamente sus grandes proyectos (reforma de la sanidad, reforma de la policía migratoria), con un empeño que no deja de ser algo tibio en la lucha contra el Estado Islámico, que deja el trabajo a pie de obra a los kurdos y con sus bombardeos lejanos ha conseguido que no se extienda el conflicto que, a cambio, se convierte el un largometraje, sin una política exterior clara y, ahora, con un Congreso y un Senado que le son desfavorables y que impedirán que los años que quedan puedan ser brillantes y dejen un legado importante.

Se ha desinflado aquel Barack que tantas expectativas causó. Se ha desinflado como tanos de sus colegas, encabezados -parece que llevan el récord de “desinflamientos dolorosos” por “la France” y “Monsieur le Président” por duplicado: Sarkozy de un lado, Hollande de otro, han defraudado a su electorado y no han convencido al otro electorado. El pobre David Cameron se está convirtiendo en experto en disparos a propia meta: el primero, el referéndum de Escocia, salió rozando el larguero; ahora parece que lo quiere intentar con la Unión Europea. En las negociaciones con ella está todo el día quejándose, pero, lamentablemente para él, no es una Margaret Thatcher que consiguió todo tipo de privilegios.

Mariano Rajoy está en caída libre, por mucho que la crisis haya detenido su viaje hacia el abismo, pero la corrupción que emerge dentro de los diferentes partidos afecta muy en especial al suyo, al Popular, donde parece que decenas de arribistas descarados y sin conciencia han dejado atónitos incluso a quienes ya se creían curados de espanto. Como tampoco emerge un líder en el Partido Socialista, se abre espacio para un caótico grupo (todavía es pronto para llamarlo partido) que, si llega al poder y hace lo que dice, puede provocar sustos de infarto.

Dilma Rousseff no lo ha tenido fácil para ser reelegida, en México el asunto de los 43 estudiantes está helando la sangre hasta a los mariachis. La educación en pie de guerra y los empresarios, muy enfadados, enturbian la imagen de Michelle Bachelet.

Todos gobernantes que, al llegar, despertaron grandes expectativas. ¿Por qué se desinflan luego, caen sus índices de popularidad?

Será cuestión de analizarlo en detalle. Pero de momento, ¿quedan sólo Angela Merkel y Rafael Correa? Curiosa pareja de baile…