El modelo de Hernando de Soto

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Hernando de Soto afirma en un largo artículo publicado en The Wall Street Journal –y reproducido en El Comercio- que la incorporación de los emprendedores informales al mercado formal en el Perú puede ser modelo para hacer otro tanto en los países árabes.

Tesis audaz, si se tiene en cuenta que añade que, además, la manera de hacer que esos emprendedores árabes sean demócratas es encaminarlos por ese mismo sendero de la formalidad económica. Y, por añadidura, que si los Estados Unidos entendieran la consistencia de ese camino, tendrían mejor suerte de la que les depara limitándose a tratar de eliminar al Estado Islámico mediante bombardeos de aviones sin tripulantes.

La iniciativa de nuestro compatriota pone sobre la mesa una vez más la caracterización de la economía informal, que los españoles llaman marginal, y Bruno Seminario de la Universidad del Pacífico ha calificado en días pasados de tradicional. Economía fuera de la ley, aunque no contra la ley. Economía en los linderos del limbo legal, equidistante de un lado de la economía legal y formal, y de otro de la economía ilegal y delictiva, como puede ser la del narcotráfico, la minería informal, la deforestación ilegal y el contrabando.

¿Acaso el Perú, el modelo que usa De Soto en su artículo, ya ha conseguido erradicar esa economía limbática? ¿No estamos todavía proclamando la necesidad de simplificar los trámites administrativos del Estado, claramente identificados como el principal enemigo de la inversión extranjera, del empresario que busca formalizarse y del crecimiento económico? ¿Nos merecemos el título de referente del progreso para la economía árabe? Estas son preguntas que la clase política peruana debe responder.

El crecimiento económico sostenido por tres lustros debe proyectarse al cuarto, lo que es un desafío para los precandidatos presidenciales, porque tal hazaña no se logra simplemente con no hacer nada malo, no obstaculizar el funcionamiento del mercado. Es necesario afrontar no sólo la necesidad de pasar la economía informal a la formal, sino también la urgencia por corregir las deficiencias de los sistemas de seguridad social en salud, de pensiones públicas y privadas, de las cargas económicas de las remuneraciones laborales, y los dos grandes retos del momento: la corrupción social y la inseguridad ciudadana. Eso, sin olvidar que los tres temas prioritarios de todo ciudadano son la alimentación, la salud y la educación, es decir, los servicios básicos todavía tan inmaduros entre nosotros.