El mundo tras el 11 de setiembre del 2001, por Raúl Bravo Sender

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En Noviembre de 1989 se derribaba el Muro de Berlín que separaba a la ciudad alemana entre las dos Alemanias: la Federal y la Democrática. En Diciembre de 1991 se disolvía la Unión Soviética mediante el Tratado de Belavezha. Estos dos acontecimientos dieron lugar al fin de la “Guerra Fría”. En este contexto, Francis Fukuyama en 1992 en su famosa obra “El fin de la historia y el último hombre” afirmaba –siguiendo las tesis de Hegel- que la historia había llegado a su fin, pues ya no había nada más que discutir dado que ideológicamente había vencido el modelo de democracia liberal con economía de mercado, el único capaz de brindar prosperidad y bienestar a los pueblos.

Cuatro años más tarde, en 1996, Samuel Huntington publicaba “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”. En el mismo, sostenía la tesis de que las guerras en el futuro ya no lo serían entre Estados-Nación o ideologías sino entre civilizaciones, refutando así la idea de Fukuyama de que los enfrentamientos bélicos y las tensiones internacionales habían terminado con la derrota del comunismo. Prueba de ello fue, precisamente, el atentado perpetrado por el grupo terrorista “Al Qaeda” sobre suelo norteamericano en Setiembre del 2001. Se enfrentaban nuevamente el Occidente cristiano –y democrático- y el Oriente musulmán –y autocrático-.

Con las tesis de Fukuyama, luego de la bipolaridad que significaron las relaciones internacionales durante la guerra fría, los Estados Unidos de Norteamérica se sentían con la obligación moral –al estilo romano- de civilizar al mundo con el modelo democrático y de economía de mercado. Su papel en la diplomacia internacional sería el de un Leviatán Mundial dador de pax. Sin embargo, no se percató que Medio Oriente veía en su prosperidad, basada en el Capitalismo de Estado, la razón de su subdesarrollo y atraso. Hoy, tras quince años del 11S, bien podemos decir que el mundo ha pasado de la unipolaridad a la multipolaridad: muchas potencias que comparten el poder.

Con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, los EUA intervino militarmente Afganistán en 2001 e Irak en el 2003, argumentando que el primero protegía a Osama Bin Laden y, que el segundo –el régimen de Saddam Hussein- albergada armas de destrucción masiva, desatando olas de protestas del propio pueblo norteamericano que veía cómo su nación -¿o su presupuesto?- se consumía en medio de una guerra que cada día perdía su sentido. Finalmente, se ha sostenido la idea de que el autodenominado “Estado Islámico” (ISIS) –grupo terrorista derivado del entonces Al Qaeda- no es sino producto de la presencia norteamericana en Irak.

Se creyó que la bautizada como “Primavera Árabe” traería paz y prosperidad a los pueblos árabes, tras el derrocamiento de gobernantes autoritarios, corruptos y perpetrados en el poder durante años, como: Ben Ali en Túnez, Mubarak en Egipto, Gadafi en Libia y, Saleh en Yemen. A la fecha, Bashar Al Assad sigue dando lucha contra los rebeldes, pero ahora debe enfrentar también al ISIS, el cual ha traslado el campo de batalla a Europa, luego de atribuirse atentados terroristas en Francia. ¿Resulta responsable encasillar estos enfrentamientos en nombre de categorías, tales como: Occidente versus Oriente y Cristianismo versus Islamismo?

La comunidad internacional debe empezar primero por reconocer al enemigo. Y éste es la violencia, venga de donde provenga. Trasladar la batalla al rango de tales categorías significaría llevar a la guerra a masas de individuos, pues bien podemos afirmar que no todo el mundo oriental es violento y que occidente también cobija grupos terroristas, que hay democracias vulneradoras de libertades y grupos cristianos intolerantes. En suma, su gran objetivo debe ser la vigencia del estado de derecho. Pero también la defensa de ciertas ideas sobre las cuales precisamente descansa este sistema en el que se aseguran los derechos, la separación de poderes y, el imperio de la ley, pues las personas, principalmente nos gobernamos por las ideas.

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