¿El nivel de Corrupción de los 90 es vigente en régimen de Humala?

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Cuando vemos a la corrupción enquistada en gran parte del gobierno central, los gobiernos locales y regionales, no podemos quedar más que indignados pues todos los impuestos que pagamos van a bolsillos ajenos. Es más la desconfianza en nuestras autoridades crece y crece y parece no detenerse si no vemos también transparencia en los que imparten la justicia en nuestro país.

Ver los casos del suspendido alcalde de Chiclayo, Roberto Torres, y su pareja Katiuskha del Castillo, el reciente capturado Rodolfo Orellana y su red mafiosa, los evidentes vínculos del gobierno con Martín Belaude Lossio y Oscar López Meneses y la poca transparencia del cuestionado Fiscal de la Nación, Carlos Ramos Heredia, a la hora de investigar, no pueden dejar duda que hay un gran podredumbre moral en el Perú y que ya es bueno poner un hasta aquí lo más pronto posible.

La tarea no es fácil, pues no queda claro quién le debe poner el cascabel el gato. Ramos Heredia fue cuestionado desde su elección y el haberse reunido no hace mucho con el mafioso Orellana no es que dé mucha confianza a la opinión pública. Es claro que no habrá imparcialidad a la hora de investigar. Es bueno entender que en la Fiscalía se debe hacer una gran poda para de esa manera hacer entrar a una nueva generación que verdaderamente no se case con nadie.

Pero el Fiscal de la Nación no es el único problema. No se sabe a ciencia cierta hasta donde alcanzaron los tentáculos de la red de Orellana, pero está más claro que éstos llegaron a muchos fiscales y jueces.

Cuando estalló la corrupción de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos en 2000, todos los poderes del estado estaban corrompidos. Ahora, catorce años después, es evidente que Orellana y Belaunde Lossio utilizaron también diferentes actores políticos para sus fechorías. El Congreso de la República es también una olla de grillos y en estos casos los congresistas Heriberto Benítez y Víctor Crisólogo tienen mucho que decir por el caso la Centralita y otras perlas.

Todo el aparato del Estado está corrompido y parece que tras la década corrupta de los 90 no hemos aprendido absolutamente nada. El presidente Ollanta Humala se molesta con la congresista Cecilia Tait cuando ésta le endilga cercanías con Belaunde Lossio. Que el mandatario capture a su amigo prófugo y deje que se sepa todo para no vernos la cara de tontos a todos cuando diga que él no convive con la corrupción.

La oposición congresal tiene una buena oportunidad para destapar la olla, pero debe evitar para eso el circo y todo lo que le quite seriedad a la hora de denunciar a los culpables.

Este gobierno ha perdido credibilidad y parece superar las barreras de la indecencia dejadas por otros regímenes. Todo se compra y todo se vende en este decenio también.

Esperemos que el pesimismo no nos gane. Sin embargo, no es pesimista el que denuncia la corrupción y que hace algo por cambiar las cosas. Hemos crecido económicamente en octubre, pero de qué sirve hacerlo si por detrás las arcas del Estado son saqueadas por los ladrones de cuello y corbata.

Que cambien las autoridades y que al hacerlo recuperen la confianza del pueblo. En los tiempos de Humala las cosas no cambiaran, veremos en 2016 con qué sorpresa nos encontramos. Suerte.