El odio del Comandante Presidente mató a Leguía en la Cárcel y ahora a Fujimori

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Eran los días finales de agosto de 1930, El Presidente Augusto Bernardino Leguía y Salcedo (1919-1930) se encontraba en Palacio de Gobierno, cuando en la madrugada un grupo de militares irrumpió este recinto exigiéndole su renuncia, Leguía no tuvo más remedio de entregar el mando a la Junta Militar presidida por el general Manuel María Ponce quien pronto fue sucedido por el Comandante Luís M. Sánchez Cerro quien de inmediato mando a desembarcar a Leguía del «Grau», nave en la que huía a Panamá.

La furia contra Leguía y sus allegados era incontenible y barbará, saquearon y quemaron su casa, fueron pocos los amigos que estuvieron a su lado en aquellos momentos, la mayoría de «amigos», quienes se enriquecieron con la Patria Nueva, se escondieron o, peor aún, se pasaron a la oposición. Seguramente lo que voy expresar líneas más adelante provoque un fuerte malestar en un sector de nuestros lectores, pero decir que hoy como en los años 30 con Legía el país se encuentra dividido por el expresidente Alberto Fujimori (1990-2001. Quien tuvo 10 años y 116 días de gobierno). Cuando veo a un longevo Fujimori comparecer casi todas las semanas ante las autoridades, veo y siento el odio de sus adversarios políticos aliados del gobierno quienes hacen escarnio de un ser humano que se equivocó y por lo cual ya está pagando una condena, no podemos olvidar tres cosas buenas que hizo el expresidente, la pacificación nacional frente al terrorismo, la Firma de la Paz con el vecino país del Ecuador y la creación de los cimientos para el crecimiento económico de nuestro país.

Que la historia no se repita, que los hoy reencarnados “revolucionarios” locumbetes (Locumba) que ayer mandaron preso a Legía a la isla de El Frontón y luego a la penitenciaría central del Cercado de Lima, no maten también con su odio a Fujimori en la cárcel, tal como lo hicieron con Leguía. La historia cuenta que tanto fue la maldad de los dizque revolucionarios de la época que a Leguía lo tuvieron 14 meses encerrado en una celda pequeña y precaria cuya única ventana fue tapiada. Matando lentamente al único personaje en el Perú que recibió más elogios que San Martín, Bolívar y Castilla juntos. Basadre, narraría el penoso final del otrora ovacionado Presidente, quien el 16 de noviembre de 1931 fue trasladado a la Clínica Naval de Bellavista para que se le hiciera una operación quirúrgica, donde días después una bomba fue arrojada al interior de este hospital cayendo a pocos metros del paciente Leguía. Finalmente, el 6 de febrero de 1932 a los 69 años murió el mejor presidente peruano del siglo XX, tal como reconocería décadas después, Víctor Raúl Haya de la Torre. Se cuenta que Leguía encargó a su confesor expresar que no guardaba rencor a nadie, que perdonaba a quienes procuraron hacerle mal, que deseaba la felicidad y la prosperidad del Perú. También se cuenta que Leguía subió al poder rico y que murió pobre. Entre sus bienes solo figuraban sus medallas y varios objetos que le habían sido obsequiados por gobiernos extranjeros. De todos los presidentes que ha tenido el Perú, Legía es el único que murió en la peor condición, encarcelado y pobre. Apreciados lectores, hay muchas similitudes entre los expresidentes Leguía y Fujimori, pero que la historia de odio no se repita, citando a Basadre, quien reflexiono diciendo “que el país debió tener un poco de piedad con Leguía”. Yo también digo, que los peruanos debemos de tener un poco de piedad con Fujimori, porque nuestra humanidad debe estar por encima de cualquier otro sentimiento. Estoy seguro que el expresidente Fujimori, cual Leguía perdonará a todos sus adversarios, incluido Vargas Llosa y así ganara la gloria que nunca podrán alcanzar ellos por el odio permanente que les quita la paz.