El orgullo no es electoral, por Carlos Rosas

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Hace unos días empezamos junio: mes del Día del Padre, del “Baguazo” (hace exactamente nueve años) y también del Orgullo. Quizá al hablar de políticas referidas al respeto de las libertades individuales, específicamente en materia LGTB, lo primero que se nos viene a la mente son proyectos como la unión civil, el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, e incluso la ley contra los crímenes de odio, todas ellas de algún modo ya han ingresado en papel o han llegado hasta debatirse en el Legislativo. Sin embargo, a nivel municipal, también existen iniciativas que pueden fomentarse para ese mismo respeto y una de ella es la ordenanza contra todo tipo de discriminación, ya sea por raza, color de piel, lugar de residencia, identidad étnica, opinión, edad, o cualquier otro que busque “disminuir las oportunidades o menoscabar el reconocimiento de un individuo”, según la Constitución, incluidas la orientación sexual e identidad de género. Es decir, un golpe contra la homofobia.

Susana Villarán fue la primera candidata metropolitana en poner esta ordenanza en su Plan de Gobierno y en su discurso, no obstante, nunca la aprobó su gestión. Ello fue un duro golpe para diversos colectivos LGTB y activistas en general que comenzaron a dejar de apoyarla. Pero, si algo es verdad, es que para su aprobación necesitaba mayoría en el concejo de regidores y después de la revocatoria tenía tan solo tres oficialistas. Una vez iniciada la administración de Castañeda en su tercer mandato, el regidor Augusto Rey presentó nuevamente esta iniciativa.

Hasta el día de hoy, ni una palabra: nunca se ha debatido y dudo que se haga en los meses que restan. Hoy día, estamos otra vez en época electoral y de los veinte postulantes a Lima solo seis pareciera que están a favor de la igualdad. Cinco han firmado el “Acuerdo de Pueblo Libre”, que contempla políticas para comunidades vulnerables como la LGTB y Diethell Columbus de Fuerza Popular que alguna vez ha defendido el matrimonio igualitario en sus columnas.

Seguramente en los próximos meses alguno más se referirá al tema, o tal vez no. Pero, está en cada uno de nosotros ponerlo en la agenda, sobre todo, ahora que se viene la marcha del orgullo. Vamos a marchar y a exigirles a nuestras autoridades y candidatos que se pongan los pantalones. El orgullo no es solo en elecciones.

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