El oscar de terror, por Inés Yabar

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Flashback  en Lima-Perú: Salgo del colegio a tomar mi bus. Espero y finalmente me subo a uno pintado con líneas marrones y amarillas. En una ventana, un mensaje en tiza blanca dice “50% +”. Como escolar, un día sin huelga, el pasaje es de 50 centavos en el micro (si es que el cobrador acepta que hoy hay colegios que no usan uniforme).

“Pasajeeee, Pasajeee”. Las monedas tintillean en la mano del cobrador. Le doy 1 sol y él me mira, señala la nota en la ventana y dice entre dientes: “50% más señorita”. Contra la puerta y casi sofocada le contesto: “escolar”. No reniega, eso de estar trabajando un día de huelga ya le habrá beneficiado con más pasajeros y dinero para su bolsillo.

Flash forward, en Lyon-Francia: Llego al paradero, faltan 3 minutos para que pase el bus pintado de blanco y rojo como todos los demás. Llega a tiempo. Me subo, paso mi tarjeta en el lector y me siento hasta llegar al terminal. De allí voy a esperar el tram. Faltan 2 minutos. Espero. Llega a tiempo. Cuando entro, paso la misma tarjeta por el lector (aunque nadie está mirando si la he validado). Me siento hasta llegar a la universidad. En el camino pantallas me muestran qué actividades hay en la ciudad este mes, cual es el clima de hoy, las noticias del día…

A pesar de disfrutar del orden, la limpieza y la rapidez, hay algo que falta. Falta música. Falta color. Falta gente. Falta cobrador. Sí, nunca pensé que lo diría, pero extraño el micro que “está sopa”, el sonido de las monedas en las manos del cobrador o las voces de los ambulantes que suben al micro vendiendo y cantando. Pero extrañar no significa querer volver a empezar. No significa no poder aportar y querer mejorar.

Hace 2 días la municipalidad metropolitana de Lima anuncia el retiro de rutas de interconexión autorizadas por la municipalidad del Callao. Ese mismo día, protestas se realizan por los transportistas para mostrar su descontento con la decisión. Yo desde lejos veo publicaciones en Facebook: Gente que se queja por no encontrar transporte, llegando tarde al trabajo, etc.

Me aventuro a encontrar videos de la situación de transporte en Lima y me entero que en el 2011 hubo 1005 muertos por exceso de velocidad.  Allí recuerdo todo lo que no me gusta: las carreritas, los empujones, los accidentes, la inseguridad,… ¿Será que en Lima podemos ganar “el Oscar del Terror” de transporte público?

Sonrío y pienso, felizmente ahora la municipalidad de Lima está haciendo algo… Pero ¿no se hizo ya hace un tiempo? ¿No se anunció vez tras vez un cambio?

En Buenos Aires la primera línea de metro empezó a funcionar en 1913. En Sao Paulo fue en 1974 y en Santiago de Chile al año siguiente. Hoy, en esas ciudades se cubre casi todo el territorio con ese modo de transporte. Y ¿nosotros? En todo Lima existen por lo menos 652 rutas de transporte urbano dirigidos por 308 empresas de transporte. Estos son parte de los 1 453 028 vehículos que circulaban en Lima en el 2013,  según el Ministerio de Transportes (incluyendo 91 127 taxis registrados). En cuanto al metro, el primero se inauguró, luego de 30 años de retraso, en el 2012.

En Julio del 2011 Susana Villarán (Ex – Alcaldesa de Lima) anunciaba el fin del caos en el transporte público en Lima.  ¿Dónde quedó eso?

Y no digamos que la culpa la tienen sólo los transportistas y los gobernantes. ¿Tú no te paras en la pista para coger el micro o pides bajar en la esquina y no en el paradero? Sí, tú, también tienes la culpa y aún así seguro eres parte del 65% de los ciudadanos que están insatisfechos con el transporte público de Lima.

Extranjeros opinan, los “reyes de papeletas” se multiplican, los “conductores piratas” se esconden y nosotros nos quejamos. ¿Pero cuántos somos los que estamos actuando para aportar al beneficio de nuestras sociedades, nuestros países?