El país necesitaba más que nunca esta enorme alegría, por Juan Manuel Saldaña

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Fue una noche emotiva en el Nacional. Las tribunas estuvieron abarrotadas y realmente emocionadas al momento de cantar el himno y durante todo el desenfrenado cotejo. La “blanquirroja” no solamente mostró su mejor versión por la transcendencia del partido, sino también por la empatía que sentían los jugadores con los damnificados y fallecidos que ha originado el Niño Costero. En la selección, como ya nos tiene acostumbrada desde hace varias fechas, se hizo evidente la garra y el corazón en cada segundo del encuentro. A eso se le sumó el buen juego, el lindo espectáculo que nos sacaba una sonrisa – como reprimiendo el nerviosismo en pleno partido -. Porque esos toques, esa forma de jugar, que ya es característica de Perú, nunca se había podido mantener durante tantos tramos de un encuentro de la eliminatoria. En los partidos previos al choque con los charrúas, Perú conseguía tener buenos primeros tiempos, o viceversa. Incluso, cuando el resultado era adverso, Perú solo podía mantener máximo 20 o 30 minutos de buen nivel.

A priori, los “yoruguas” eran los favoritos: sus jugadores son más experimentados, saben cómo jugar estos partidos y vienen jugando juntos desde ya hace una significativa cantidad de tiempo. Para ellos, este partido podría haber sido  tranquilamente manejable; sobre todo porque se enfrentaban a una selección nueva, inexperta y con jugadores de una cotización económica muy por debajo de la suya. A eso se le sumaba el desempeño del árbitro, que, como es notorio en eliminatorias, se inclina siempre a favor del equipo grande. Eso se hizo evidente también en el juego; Cavani y Suárez sentían el contacto y se dejaban caer, generando bastantes tiros libres, en uno de los cuales Perú se salva de un centro que derivó en un fuerte cabezaso de Godín, cuando el partido agonizaba.

Esta serie de factores claramente favorables para los uruguayos tal vez solo tuvieron influencia en el inicio del partido, y también sobre los minutos finales, cuando se fueron desesperadamente en busca del empate. Perú empezó el partido respetando a una “celeste” que se acercó con peligro al arco de Gallese hasta en tres ocasiones. El juez empezó a cobrar las faltas fingidas de Suárez, y unas pocas de Cavani. Pero los peruanos no perdieron la calma y empezaron a efectuar su buen juego de toque corto.

Lamentablemente, y cuando Perú comenzaba a generar ocasiones de gol, Luis Suárez, con toda la mañosería envidiable que posee para meter el cuerpo, estorba al “mudo” Rodríguez y le cede un balón perfecto al carrilero derecho charrúa Carlos Sánchez, quien define sutilmente frente a Gallese. El capitán, muchos ya lo tratan de héroe, recrimina a Rodríguez y levanta al equipo, que reacciona inmediatamente con su gol. Golazo de Paolo Guerrero Perú seguía con su buen juego, y Uruguay apelaba al ingenio de Suárez para hacer daño. Se evidencia un ataque constante de Perú desde ese momento del gol de Paolo, hasta el nuevo tanto de “orejas” Flores, marcado a los 61 minutos del segundo tiempo. Luego, Uruguay empareja el partido, y en los minutos finales, a pesar de tener un hombre menos, inclina la cancha totalmente hacia el área peruana, provocando la angustia y el nerviosismo en todo el país. Pero no conseguirían el empate, y Perú seguiría en la pelea para la clasificación.

En el mejor momento, la selección nos regala tal vez su mejor partido y, sobre todo, el triunfo. Sin dudas, es en el mejor momento porque los damnificados necesitaban por lo menos un alivio anímico. Y esta selección llena de hombres y no de nombres, así lo logró.

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