El peligro de Acuña, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Según la última encuesta de Datum publicada el día de ayer en Perú 21, César Acuña ha pasado a ocupar el tercer lugar de las preferencias electorales, desplazando al ex presidente Alan García al cuarto lugar en la intención de voto para las elecciones del 2016. Sorprende la rapidez con la que el líder de APP ha alcanzado este lugar a principios de noviembre, sin embargo, el logro no era algo que no se esperara tarde o temprano. El poderío económico del candidato de APP y el uso sagaz de la trans-regional Universidad César Vallejo como plaza de campaña, tenían a los analistas pronosticando una subida desde que el candidato anunció su postulación. Incluso, para el terror justificado de otros, algunos ya hablan de César Acuña como la sorpresa del 2016. No obstante, si bien esto puede alegrar a muchos, los que aprecian la democracia deberían ver en la posible victoria de este personaje un grave peligro.

César Acuña es, como sacado de un libro de texto, la manifestación en carne y hueso de muchas de las cosas que hacen de la política peruana una maraña inestable y quebradiza. Representa un modelo donde el fin justifica los medios y  donde, para pesar de los peruanos, el fin no es otro que la exacerbación de la imagen propia. La búsqueda del poder por el poder, por la foto, por el paso a la posteridad (porque queda claro que no se puede hablar de una ideología). El afán por alcanzar la fama  puede ser, en sí mismo, legítimo. Pero Acuña lo lleva a otro nivel: sus objetivos políticos están por encima de la democracia y del respeto moral al sistema político, ¿por qué digo esto?

¿Con qué dinero financia César Acuña esos carteles gigantes que cuelgan sobre las más importantes calles de Lima en las que sale su cara y abajo dice ‘Universidad César Vallejo’? Acuña dirá que es publicidad para su universidad y por ende pagada por esta, pero es claro que hay un afán proselitista cuando lo que más resalta del cartel es la cara de un candidato presidencial. La institución educativa tiene derecho a utilizar las imágenes de quien quiera para publicitar su producto pero, ¿es justo que el dinero que pagan los estudiantes de la UCV vaya para enaltecer la imagen electoral de su fundador? Y a los carteles hay que sumarle los famosos comerciales televisivos de la “raza distinta” – donde irónicamente el candidato dice: “no se trata de mí, se trata de ustedes”- . También están los inescapables avisos radiales donde una muchacha narra la ‘tierna’ historia del gran César Acuña Peralta y cómo olvidar el libro “César Acuña: Rostro Humano y Político” que lanzó “su universidad” por todo lo alto el martes pasado en el Country Club.

Por otro lado, la semana pasada el semanario ‘Hildebrandt en sus Trece’, recogió testimonios de múltiples alumnos de la UCV que denuncian el uso de los recursos de la institución para los fines políticos de su fundador. Estas denuncias van desde el uso de camionetas de la universidad como autos de campaña, el uso de las instalaciones como “almacén del partido”, de la base de datos de los alumnos para spam electoral, hasta,  para colmo cómico, preguntas en exámenes de marketing que piden que se construya una campaña gráfica “para el candidato César Acuña”.

Pero la muestra más clara del poco valor que le da Acuña a la democracia es con su renuncia a la gubernatura de La Libertad. El pueblo liberteño le entregó, con su voto, la confianza, le dio el poder. Sin embargo, con menos de un año en ejercicio renunció para perseguir sus ambiciones presidenciales ¿No hubiera sido más responsable no presentarse y dejar que la ciudadanía elija a un candidato que sí fuera a terminar su mandato? ¿Tan rápido se aburrió Acuña o quería poder hablar de las “diez elecciones que ha ganado en su vida”? Si a una persona se le otorga por la vía democrática un poder, es su obligación cumplir a cabalidad con su trabajo por el tiempo que la ley manda. Pero en este caso la ambición pudo más.

A todo esto hay que sumarle que el candidato Acuña, a pesar de que usa sus orígenes humildes como caballito de campaña, no ostenta ni un gramo de humildad. En el lanzamiento de su biografía, Acuña, que disfruta mucho de hablar de sí mismo en tercera persona, dijo desde cosas inexplicables como afirmar que no había leído el libro que estaba presentando hasta insinuar que Dios lo llevaría a Palacio, así como lo llevó a todos sus otros puestos. Casi como la promesa de un mesías peruano. Si Acuña llega al poder, ¿se puede esperar un manejo plenamente democrático de un hombre que valora más su imagen y el poder que la democracia misma? ¿Se puede esperar algo bueno de un hombre que, con ánimo censurador, compra todo el tiraje de un diario para evitar que se lea una entrevista que mella su imagen? ¿Se puede esperar un manejo responsable del país de un hombre que usa su universidad para sus objetivos individuales?

Hay que tener cuidado.

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Posted by Lucidez on martes, 10 de noviembre de 2015