El periodismo en pie de lucha, por Valeria Burga

«Desde tiempos inmemorables, la relación entre el periodismo y el gremio político ha sido tirante, pero hoy se intensifica. El gobierno de turno le ha declarado la guerra a este oficio, a tal punto de que vale la pena preguntarnos si aún existe la libertad de expresión».

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Ser periodista nunca ha sido fácil. Tenemos que perseguir las premisas, estar sujetos a críticas y destapar la tan ansiada “verdad”. En medio de nuestra ajetreada labor encontramos enemigos letales. Desde tiempos inmemorables, la relación entre el periodismo y el gremio político ha sido tirante, pero hoy se intensifica. El gobierno de turno le ha declarado la guerra a este oficio, a tal punto de que vale la pena preguntarnos si aún existe la libertad de expresión.

Cómo olvidar cuando Pedro Castillo caminaba para encontrarse con el alcalde de Lima y los agentes de seguridad impidieron bruscamente que una periodista de TV Perú, canal oficial del estado, se acerque a realizar su trabajo. Plagados de ironía y fieles al secretismo, Perú Libre también negó el ingreso de la prensa a la juramentación del primer gabinete ministerial. Esto sumado al silencio prolongado de nuestro presidente, quien solo ha interactuado con la prensa alrededor de 30 minutos en los primeros 66 días de su mandato.

Enfrentamos una realidad incómoda. La libertad de expresión avalada en nuestra Carta Magna está en la cuerda floja, pues quienes gobiernan quieren eliminarla como de lugar con leyes inservibles, confrontaciones y declaraciones sin sustento. Para ellos, la prensa que denuncia es “obstruccionista”, aquella que ha puesto en el ojo público a los dinámicos del centro, los fondos millonarios de la madre de Vladimir Cerrón, los vínculos del partido con el terrorismo y una infinidad de sucesos que no pueden tolerar.

Quizá por eso Castillo y compañía se niegan a firmar la declaración de Chapultepec. Su respuesta negativa ante la petición del Consejo de la Prensa Peruana solo puede traducirse en que no les interesa proteger a los periodistas de la censura, la confidencialidad de sus fuentes, entre otros asuntos cruciales. Prefieren aliarse con militantes de su agrupación política para difundir medios que los favorecen como “El Sombrero”, “El Puka” o “Marka”.

Resulta risible que las mismas personas que acusan que los medios son una esfera monopólica, ahora se aventuran en dirigir la información a su antojo. Nadie te obliga a leer, ver o escuchar algo determinado. Existe un bagaje de medios para que la población, de forma libre y democrática, escoja lo que se adecúe a sus preferencias ¿o acaso no es eso cierto? Tampoco es que podamos esperar algo lúcido por parte de nuestro jefe de Estado, pues ni siquiera conoce la definición de un monopolio.

Es evidente que la esfera periodística se encuentra en un espiral lúgubre. Continuamos en la incertidumbre, con el oficialismo queriendo tomar las riendas de la información y convencernos de que el periodismo es el peor enemigo. Los periodistas estamos en pie de lucha por nuestros ideales y libertades, al mismo tiempo que incomodamos al gobierno en esta guerra fría que se percibe interminable. Desde mi rol como editora y periodista de opinión, utilizaré toda la artillería en contra de quienes optaron por silenciarnos.

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