El Perú ante todo, por Alfredo Gildemeister

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Cuando hace tres meses comentamos en esta misma tribuna la cuestión de la vacancia presidencial, luego del “trueque” de la no vacancia a cambio del indulto a Alberto Fujimori, preveíamos que el presidente con ese acto sólo había “comprado” un poco de tiempo y nada más. Efectivamente, ganó tres meses más de presidente y… veremos que sucederá el jueves 22 de marzo, cuando el pleno del Congreso debata el segundo pedido de vacancia presidencial por incapacidad moral. No vamos a repetir la cantidad industrial de pruebas que vinculan al presidente -mediante interpósitas empresas- a Odebrecht, pues dichas pruebas son ya de conocimiento público. En su momento, citamos las palabras del gran abogado y orador romano Marco Tulio Cicerón, cuando un 8 de noviembre del año 63 a.C., ante el pleno del senado romano, iniciara su famoso discurso contra el corrupto Lucio Catilina y sus intrigas por el poder. Consideramos que vale la pena citarlas nuevamente, puesto que la historia de alguna manera es cíclica, esto es, se repite, puesto que el ser humano, por lo general, tiene la mala costumbre de repetir sus errores y meteduras de pata. Dice Cicerón: “¿Hasta cuándo ya, Catilina, seguirás abusando de nuestra paciencia? ¿Por cuánto tiempo aún estará burlándosenos esa locura tuya? ¿Hasta qué limite llegará, en su jactancia, tu desenfrenada audacia?… ¿No te das cuenta de que tus maquinaciones están descubiertas?…”.

Hace falta hoy un hombre valiente y honesto como Cicerón que, en el pleno del Congreso peruano este jueves, devele la gravísima irresponsabilidad del presidente de la República y demuestre la situación de incapacidad moral en que ha incurrido Pedro Pablo Kuczynski. Por segunda vez, luego de tres meses exactos, el Congreso debatirá si existe o no incapacidad moral en el presidente. Cabe recordar que no se trata de un “proceso judicial” si no de un proceso político constitucional en el cual el Congreso -no el Poder Judicial- determina si existe o no incapacidad moral. Ello en base al artículo 89-A del Reglamento del Congreso -que tiene rango de ley- el cual establece el trámite para ello. ¿Nuevamente qué es lo que se debatirá? La moralidad del presidente. Y al hablar de moral, hablamos de ética. El Congreso debatirá y determinará si el presidente ha actuado bien o no, lucrando a través de sus empresas, cuando fue ministro de Estado. Cabe recordar que el tercer párrafo del artículo 126 de la Constitución señala que: “Los ministros no pueden ser gestores de intereses propios o de terceros ni ejercer actividad lucrativa, ni intervenir en la dirección o gestión de empresas ni asociaciones privadas”. Se trata de una norma de contenido ético, pues a lo que se está refiriendo el referido párrafo, es que un ministro no puede ejercer sus funciones ministeriales mientras, en paralelo, posee intereses propios o particulares en una actividad lucrativa en una o más empresas y, peor aún, si estas empresas a su vez contratan con una empresa que presta servicios u obras para el Estado. En otras palabras, un ministro de estado no puede tener lo que se denomina “conflicto de intereses”. Y si es que los tiene, debe renunciar a esos intereses propios o dejar de ser ministro.

Esta es pues la cuestión fundamental: que el presidente no entiende -o no quiere entender- lo que son “conflictos de intereses”. Nos encontramos ante una diversidad de situaciones en las que el presidente ha incurrido en conflicto de intereses, mientras ocupaba una cartera ministerial. Este es el tema de fondo a debatir y no si se alcanzarán o no los votos para vacarlo.

Sin embargo, lo que estamos viendo estos días en nuestro país da vergüenza puesto que  apreciamos como, en lugar de debatir el problema de fondo en cuanto a que si el país debe continuar siendo gobernado o no por un cuestionado primer mandatario, al que todas las encuestadoras han señalado que una gran mayoría de la población -ante pruebas cada vez más comprometedoras y contundentes- desea la vacancia presidencial, ahora se discuta si se alcanzarán o no el mínimo de votos requeridos, ya que se está procediendo a ofrecer a diversos congresistas –cual vulgares mercenarios- toda una diversidad de “incentivos” para que voten por la no vacancia. Increíblemente, los congresistas que supuestamente representan al pueblo peruano, en lugar de manifestar y votar pensando en el Perú, por lo que la mayoría de los peruanos desean por el bien del país, esto es, la vacancia presidencial, hoy piensan más en sus beneficios e intereses personales que en lo que al Perú le conviene como nación. El Perú es primero y no los intereses de ciertos congresistas mercenarios que “negocian” su voto como lo hacían los senadores adeptos a Catilina en la época de Cicerón. Esto es inaceptable y constituye toda una vergüenza.

Por ello concluimos que el problema a debatir el próximo jueves será de orden ético, puesto que el Congreso determinará la existencia o no de incapacidad moral en el presidente. Y debe tenerse como meta siempre, lo mejor para el país y no los intereses partidarios o personales vergonzosos de ciertos congresistas mercenarios que, en lugar de buscar el bien común y lo mejor para su patria, prefieren que el país siga gobernado por un cuestionado presidente, por decir lo menos. No perciben que el presidente no da para más. Solito se ha enredado en un laberinto de contradicciones y pruebas que lo acusan ante las cuales no tiene respuestas, salvo la de reconocer sus errores y renunciar dignamente. Sin embargo, adicionalmente el presidente tiene un serio problema: ¡A perdido el sentido ético de sus actos!

De allí que nos preguntemos: ¿el presidente de la República piensa que lo que ha hecho está bien? ¿Dónde está su consciencia y principios éticos -al margen de lo señalado en la Constitución y demás leyes-? Concluimos entonces que no se trata de un caso de inmoralidad, sino más grave aún, de amoralidad. El presidente no es consciente que ha obrado mal. Tiene una conciencia “amoral”, es decir, carece de formación ética o moral. Si la moral trata de las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia, un amoral es una persona desprovista de sentido moral o ético. Ese es el caso del presidente Kuczynski. Por esta razón es que la declaración de vacancia presidencial por incapacidad moral debe proceder ya que fue el presidente el que ocultó, mintiendo varias veces, su relación profesional con Odebrecht a través de la empresa gerenciada por su íntimo amigo Sepúlveda. Las pruebas son contundentes. ¡El Perú esta primero! La incapacidad moral -amoralidad en nuestra opinión- del presidente, lamentablemente está más que probada. Al igual que con Catilina, sus burdas maquinaciones han quedado pues al descubierto…

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