El Perú después de la cuarentena, por Alejandro Cavero Alva

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El coronavirus va a tener un impacto que pocos en este momento pueden predecir con exactitud. Van a cambiar nuestras rutinas, formas de trabajo, maneras de interrelacionarnos, hacer deporte, entre muchas otras cosas. Se ha estimado que recién en alrededor de un año y medio se podría tener una vacuna definitiva para el virus, por lo que en el mediano plazo deberemos decir adiós a conciertos, discotecas, cines, grandes foros, u otros eventos masivos. Si las cosas no se salen de control, podremos salir de nuestras casas bajo estrictas medidas de distanciamiento social que cambiarán mucho la dinámica a la que hemos estado acostumbrados.

Como ya muchos deben haber leído, el gran problema de este virus no es necesariamente su mortalidad (la cual oscila en alrededor de 3%, y varía de acuerdo a edades), sino sobre todo su altísimo nivel de contagio. Se calcula que por cada paciente que contraiga el virus, este contagia a entre 2 a 4 personas más. Por lo tanto, en el caso de que se llegasen a infectar un millón de personas, podríamos estar hablando de aproximadamente 90,000 muertos y alrededor de 300,000 personas que requerirían hospitalización.

Es por esta razón que las medidas de aislamiento y distanciamiento social resultan fundamentales. Ahora, como bien sabemos, las cuarentenas no pueden ser infinitas debido a la paralización económica y al enorme consumo de recursos que generan. La gente debe trabajar para producir riqueza. Vivir en cuarentena es vivir con el dinero de nuestros ahorros o con el dinero de alguien más (empleador que nos subvenciona sin trabajar o Estado que nos subvenciona con los impuestos de todos los demás ciudadanos). Las cuarentenas deberán levantarse, pero la pregunta entonces es, ¿y qué ocurrirá con el virus? Ya sabemos que basta un solo caso para poder iniciar nuevamente un brote de contagio.

Es en este contexto que lo mencionado por el Ministro de Salud hace algunos días no parece descabellado: lo más probable es que alrededor del 70% de los ciudadanos nos contagiemos eventualmente de coronavirus. La idea de los aislamientos y el distanciamiento social no es tanto que no nos contagiemos nunca, sino que no nos contagiemos todos al mismo tiempo para evitar el colapso del sistema de salud y poder darles a los enfermos el mejor tratamiento a disposición.

Por tanto, lo más probable es que los próximos meses oscilen entre periodos de vida “normal” con distanciamiento social (en los que irán aumentando el numero de infectados) y periodos de cuarentena en los que se buscará estabilizar la curva y fortalecer los servicios de salud para atender a todos en las mejores condiciones posibles (sobre todo en un continente como el nuestro, donde Chile, por ejemplo, tiene solo 2 camas de hospital por cada mil habitantes). Nos encontraremos frente a “olas” de contagio, que irán alcanzando a la población de a pocos, hasta que la gran mayoría hayan pasado por el virus.

Esta nueva dinámica va a tener un impacto sumamente profundo en la economía, en las distintas formas de trabajo, y en la manera en que interactuamos. Como dijo Joshua Gans del Massachusetts Institute of Technology (MIT), así como en la Segunda Guerra Mundial la economía giraba en torno a la industria bélica, esta nueva economía que se avecina en lo que queda de 2020 y 2021 será definitivamente una economía que gire en torno a la pandemia. La clave estará en saber adaptarse.

Otra interrogante a futuro es el enorme reto que significará la globalización para estas nuevas economías. Si bien el Perú podría contener el brote con fuertes medidas de aislamiento social (la cuales además se tomaron tempranamente), si otros países como Estados Unidos o Brasil deciden aplicar una política darwinista dejando a todos contagiarse y sacrificando a 3% de sus ciudadanos (con las consecuencias políticas catastróficas que eso puede tener), dejarán, a su vez, a países prudentes como el Perú en una posición de aislamiento muy complicada. Nuestro país no podría abrir entonces sus fronteras hasta, por lo menos, haber encontrado una vacuna, o hasta haber logrado que un porcentaje importante de su población pueda haber enfrentado el virus en condiciones hospitalarias optimas.

Todo esto representa enormes retos que recién estamos comenzando a vislumbrar, pero que sin duda marcarán los meses venideros como ninguna otra crisis reciente.