El Perú es un censo, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Sonaba como un cliché, aquello que se decía del censo pocos días antes de que se llevara a cabo. “Los censos nos ayudan a conocernos mejor”, dijeron, “nos ayudará a saber dónde enfocar las políticas públicas”, aseguraron. Y estas aseveraciones, luego de lo visto el domingo, resultan muy reales. Y esto no por los resultados que en unos meses arrojará esta actividad con respecto a nuestra población, sino porque la precaria organización del proceso y las lamentables experiencias vividas por algunos durante su desarrollo, nos pintan de cuerpo entero como país.

¿Qué nos dejó el Censo 2017? Miles de personas que no fueron censadas. Muchos empadronadores que acusaron que no recibieron el material a tiempo (o nunca lo recibieron). Denuncias de gente a las que les pusieron el sticker de censado sin que un empadronador las haya visitado. Empadronadores no capacitados para resolver el cuestionario. Falta de voluntarios. Insólita publicidad política en documentos del censo. Y, sobre todo esto, casos de voluntarias agredidas por energúmenos, resultando en una mujer violada y en más de una denuncia de golpes y robos.

El Perú se mostró de cuerpo entero el día domingo. Cuando se publiquen los resultados del censo tendremos una foto del estado cuantitativo de nuestra población, pero lo sucedido este fin de semana nos ha dejado una foto clarísima de nuestra sociedad.

El INEI, por ejemplo, representó a cabalidad a nuestro Estado. Gasta mucho de nuestro dinero y lo gasta mal (S/. 170 millones, tres veces más de lo que costó el del 2007). El proceso, para uno que tiene 10 años para pensarse y planearse, estuvo terriblemente organizado. Sí, es verdad que en el 2007 también sucedió que un grupo de personas no fueron censadas ¿pero esa es una excusa? Han pasado 10 años, tiempo más que suficiente para modernizar el sistema y no permitir que los mismos errores cometidos en ese entonces se repitan ¿Cómo es posible que haya empadronadores que no recibieron el material para hacer su trabajo? ¿El INEI no tenía contado cuánto de cada cosa iba a necesitar? ¿Cómo es posible que tantos empadronadores se hayan quedado sin los beneficios prometidos? ¿Cómo explica el INEI los voluntarios reclutados a último minuto?

La capacitación a los empadronadores también fue paupérrima. Hubo casos de voluntarios que no le hicieron todas las preguntas a los ciudadanos censados e incluso de algunos que pusieron el sticker de “vivienda censada” en casas que nunca visitaron. Más de una persona en las redes sociales acusó que muchos de los voluntarios influyeron en sus respuestas, especialmente en las preguntas polémicas. De ser verdad ¿estos casos no vician el proceso?

La informalidad también brilló con particular fuerza con la presencia de mensajes proselitistas en distintos materiales del censo. Se habla de que el INEI ofreció publicidad a distintos aspirantes al poder a cambio de donaciones, ciertamente algo preocupante siendo esta institución una del Estado. Pero claro, esto no es más que una muestra concentrada de “intercambios de favores” que se dan a diario en nuestro sector público.

El censo, como el Perú, también fue tristemente inseguro, y de forma especial para las mujeres ¿No era previsible el riesgo al que se sometía a algunas voluntarias durante el censo? Es imperdonable que no se tomen medidas para tratar que los empadronadores estén seguros, si esto no se da, hay casas, como las de Marco Luz Segundo (que violó a una empadronadora), que terminan siendo trampas fatales para algunas personas. Lo más preocupante de todo esto es que el hermano de la señorita violada denuncia que funcionarios del INEI le ofrecieron dinero por permanecer en silencio. Sin duda, un ejemplo de la indolencia del Estado ante estos casos que se ve todos los días, pero que se vio con especial claridad el domingo.

Así las cosas, usemos el censo para vernos con claridad. Somos el país terriblemente informal, donde mucha plata se gasta y se siente que se bota al tacho. El país con un Estado arcaico, que no usa la tecnología para procurar eficiencia y ahorro. El país donde muchos grupos no son alcanzados por el sector público, por la incompetencia de este último. El país inseguro. El país que depreda a las mujeres. El país donde los políticos solo piensan en su futuro electoral. El país donde se siente que el Estado no puede manejar eficientemente ni un juego de bingo.

Sí, seamos justos, también somos el país donde la grandísima mayoría de ciudadanos se dispone a colaborar con los procesos que deberían contribuir a su crecimiento. El país de los que acogieron a los empadronadores. El país donde muchísimas personas se lanzaron al ruedo como voluntarios. No hay que perder de vista esto último pero hay que quedarnos con la foto de todo lo malo que tenemos, hay que remediarlo de una buena vez. El censo, en conclusión, nos ha dejado ver que, francamente, como país, estamos hasta las patas…

PD: Quería escribir sobre mi experiencia durante el censo, pero nunca me censaron.

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