El Perú primero, por Eduardo Herrera Velarde

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Con toda honestidad debo de reconocer que no tengo una posición jurídica clara. No me lanzo a decir que mi posición -si la tuviese- sería la verdadera de manera absoluta. Veo, en ello, un auténtico dilema. Las normas son esencialmente dúctiles e interpretables (lo cual no las hace maleables). Este asunto, legalmente, no es sencillo es por esa razón que necesitaríamos acá un análisis muy centrado y pausado.

El Tribunal Constitucional solo opina a instancia de parte. Lo ideal hubiese sido que el Colegio de Abogados de Lima (o algún otro) ocupe ese lugar, pero el CAL está -hace tiempo- en un franco intento de buscar su rumbo, pero si no sabes lo que buscas, no pretendas encontrarlo. Como dicen “hubiese y hubiera murieron”, la oportunidad -histórica, por cierto- ya pasó. Por ejemplo, sería encomiable que el CAL se ocupe de regular la conducta de algunos coleguitas cuando opinan sin hacer la labor de transparencia correspondiente; hoy más que nunca, decir a quienes representan antes de opinar. Simplemente no hay norte ético y el poder de la abstención, cuando existe un conflicto de intereses, parece no ser una alternativa viable.

Más allá de ello, lo que sí veo con bastante claridad es una ausencia de estrategia que hace preguntarme ¿en manos de quienes estamos? Como verán todo se definió, al parecer, con una foto de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional y listo. O sea, el impasse se terminó definiendo por la fuerza (no por la razón, ni menos por la búsqueda de algo superior). Ahora, si esa foto es buena o no, conveniente o no, legal o no, es otra cosa. Pese a ello pienso a que no existió de ninguno de los dos “bandos” estrategia -ni intención- para llegar a una solución armoniosa.

También advierto una orfandad de coherencia en la llamada “clase” política; en todos, de todos los lados y tendencias. Intereses, por ejemplo, como de aquellos que reclaman nuevas elecciones para luego presentarse como candidatos ¿cuál es la finalidad de su reclamo? ¿llegar al poder o resolver el problema de gobernanza? Juzgue usted. Hemos llegando a límites que nos llevan a mirar nuestro espectro político como digno de una gran alcantarilla: secuestro con cerrada de puerta (al más puro estilo bravucón y delincuencial), la “procedimentalización” de una figura constitucional (cuestión de confianza) convirtiéndola en un pretexto legalista para sacar al “bando” opositor, mediocridad de argumentos, dilación de plazos para joder, etcétera.

Y todo este problema empezó por un “bando” que no supo perder. Luego ese “bando” ayudó al otro a llegar al poder. Finalmente se produjo una volteada que, con el devenir del tiempo, se convirtió en una situación de “no gobierno” provocada por el “bando” que ayudó al otro a llegar al poder. Lo que mal comienza, mal acaba.

En el medio dejamos un montón de gente polarizada, inmersos en la discusión de moda. Mucho creyéndose dueños de la interpretación constitucional real, jugando a la política desde la comodidad del teléfono, discusiones sin sentido con una virulencia que me lleva a comprender que, fatalmente, que estamos muy lejos de ser una Nación que fomenta el respeto, la tolerancia y el debate alturado. Sí, claro en Canadá y en otros países cerraron el Congreso, pero estoy seguro que no fue con este nivel tan ramplón.

Para mí, volviendo a lo común de la vida, es un fin de mes en donde tengo que seguir generando para pagar mis cuentas. Millones de peruanos no tienen incluso esa suerte, están luchando por sus vidas. Honestamente, no les interesa nada de este lío. Tienen que seguir.

He visto en carne propia como el poder revela lo peor de las personas. El poder no de la fuerza para hacer cambios, ni elevar; sino aquel poder de un cargo que te hace dueño del mundo, de creértela, eternamente. Por eso, la corrupción es mucho más que la coima de la cual habla el código penal, para mí es ponerse por encima de una norma (no necesariamente legal) para un beneficio egoísta. El poder, degenerado, desde esa perspectiva, calza, perfecto como corrupción.

En ninguno de los dos lados he visto don de gentes y coherencia permanente. Solo intento de permanecer abrazado a sus intereses particulares, de seguir y seguir colgado del poder. Por más que me digan lo contrario, no llego a creer en ninguno de los dos “bandos” y quizá más de uno comparte esa sensación no fundada en interpretaciones legales, ni posiciones pomposas de abogados o pseudo abogados. Es simplemente que la confianza en todos ellos, esa confianza no constitucional ni legalista hace tiempo se perdió. Por eso si es que tengo que escoger un “bando”, escojo el tercero de aquellos (el Perú primero).

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