El PODEMOS de Pablo Iglesias

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El año 2014 será recordado en la política española como el año de la irrupción del fenómeno PODEMOS, que apunta a quebrar -al menos en el corto plazo- el tradicional bipartidismo político español PP-PSOE que viene gobernando sin competidores de mayor relevancia desde 1982.

El ingreso de PODEMOS al tablero político español no pudo ser mejor. Un movimiento que antes del 2014 no existía como tal y que con solo 3 meses de campaña, minúscula en términos económicos pero mayor en cuanto a comunicación política, logró ser la revelación en las elecciones al Parlamento Europeo consiguiendo 1´253,837 votos y posicionando a 5 eurodiputados.

Desde ese momento, ha ido galopando a una velocidad pocas veces vista en la política española. En la actualidad,  es el segundo partido de España en número de afiliados contando con más de 200,000 inscritos y no hay que dejar de lado que las últimas encuestas lo posicionan como el primer partido en cuanto a intención de voto directo se trata. No hace falta pues más razones para conocer un poco más de cerca a éste fenómeno político.

PODEMOS es un partido que si bien hizo su aparición formal en el 2014, podríamos afirmar que su primera semilla se fue dando allá por el año 2011 con la famosa manifestación de los indignados del 15-M en España. Desde ese momento Pablo Iglesias, líder indiscutible de PODEMOS y sus más allegados colaboradores como Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, todos ellos profesores universitarios de ciencia política y desconocidos absolutos en la política nacional española, fueron escuchando los reclamos populares agravados por la situación económica y política del país; usando estos ingredientes para luego aplicar el denominado “discurso boomerang” que –como bien lo define Fran Carrillo- consiste en acercarse a la calle, escuchar qué mensajes se lanzan desde ahí, qué palabras de protestas y petición emitían los ciudadanos para tiempo después, y una vez tamizado con el envoltorio formal adecuado, devolver esos mensajes a la calle transformados en nitroglicerina pura. El resultado: discursos con una conexión cuasi magnética con las masas.

Y es que nadie, incluso los que mantengan diferencias irreconciliables con este movimiento, puede negar que – desde el punto de vista de la comunicación política- la manera en que se trabajó el relato, la narrativa así como las ideas fuerza puestas en un discurso fue magistral.

Entendieron que la estrategia correcta para una campaña ganadora se estructura a partir de un profundo respeto por el elector común; buscando comprender su vida cotidiana, sus necesidades, sus problemas y sus deseos. PODEMOS logró identificar la gran desazón de las masas ante la política tambaleante con graves casos de corrupción y la economía a la deriva; entregando a cambio un mensaje simple y fresco; renovación y castigo a los políticos tradicionales.

Aprovecharon la pasividad de los partidos tradicionales quienes parecían haber olvidado que el éxito de una campaña electoral en nuestros días es ser conscientes de que el sujeto privilegiado de la comunicación política es el ciudadano de a pie. PODEMOS ofrece una política oportunista y demagógica, que duda cabe; pero también política activa, fresca, con relato y con mucha cercanía (incluso la imagen de Iglesias y su característica coleta hacen eco de esto).

Otra innovación es que su política se articula de manera asamblearia con los famosos “círculos” donde se organizan los ciudadanos de manera espontánea con ánimos de participar en la discusión callejera de los problemas comunes evitando la inflexibilidad de los partidos habituales.

PODEMOS ha entendido el manejo político de la comunicación en todo sentido, consiguiendo incluso un dinamismo a nivel de las redes sociales que causa envidia a sus adversarios políticos.

Su liderazgo ha sido en extremo personalista. En las elecciones del 2014 sacaron el máximo provecho a la capacidad comunicativa de su caudillo Iglesias, quien desde la Televisión -en cuanto programa y tertulia que participó- supo posicionar a su movimiento con mensajes simples, probablemente más emotivos que racionales aunque con el acierto de usar los datos en los momentos precisos. Seamos más claros: Pablo Iglesias es demagogia mediática extremadamente efectiva, una tertulia con el profesor de la Complutense te asegura titulares para varios días y frases que se logran impregnar en el ideario colectivo.

Uno de sus más importantes logros fue el de plantear un nuevo enmarque político que no apuntaba ya a la tradicional discusión española de “izquierda y derecha” sino que alentó un nuevo marco: “los de abajo contra los de arriba”; y a éstos últimos logró etiquetarlos de una nueva forma y con una carga valorativa negativa de la cual aún no han podido sacudirse y así la política actual española ya no se puede entender sin el apelativo de “casta” para representar al establishment.

Y es que PODEMOS no se puede entender sin la figura de Pablo Iglesias y viceversa a tal punto que en las elecciones europeas faltando pocas horas para que termine el plazo para registrar el logo se modificó el símbolo del partido por un nuevo logo con el rostro de Pablo Iglesias.

Las elecciones legislativas de España están a la vuelta de la esquina y por primera vez en décadas no serán polarizadas por los dos partidos de siempre, ¿el responsable? pues ya se lo hemos presentado: PODEMOS de Pablo Iglesias.