El poder de la persistencia, por Eduardo Herrera

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Una campaña de valores se ha sumado. Esta vez la autoría corresponde a la Federación Peruana de Fútbol, aprovechando -dicho sea de paso- la efervescencia mundialista que nos mueve.

Debo de decir que me causa mucho agrado la creatividad utilizada, algo que deberíamos de potenciar más al ser un insumo natural en nuestro querido Perú. Meses atrás, una compañía de seguros, también sacó una campaña respecto a la acción -corrupta- de algunas personas de utilizar la vía auxiliar para ir más de prisa con sus autos cuando hay tránsito en la carretera.

La propuesta de valores, debo de confesarlo, siempre ha causado en mí ciertas resistencias porque no llego a entender quién podría tener la posición de señalar qué valores deben aplicarse a una determinada sociedad; es decir ¿valores según quién o qué? Pero más allá de mis desconfianzas, siempre me ha cautivado una forma creativa e inteligente de poner de moda algo que está intrínseco en el mensaje de ambas campañas: el reproche social. El reproche social -el roche- es el más poderoso antídoto contra las conductas desviadas (incluso, más potente que una sentencia judicial condenatoria).

En este orden ideas no hay que dejar pasar de vista un concepto relevante cuando se habla del reproche. No se trata de juzgar o estigmatizar a alguien, se trata de resaltar conductas que -entendemos- como no deseadas y, sobre esa base, desterrarlas para siempre. Una muestra positiva de ello, por ejemplo, es la utilización del cinturón de seguridad en los vehículos.

El truco está, como reza el título de este pequeño escrito, en el poder de la persistencia. Ninguna campaña, será eficaz si no se extiende a lo largo del tiempo. Según dicen los especialistas, los cambios de conducta se producen a los veintiún días. Imagínense todo lo que podríamos hacer con el poder de la persistencia en este tipo de campañas; concretamente, todas aquellas acciones que dan vida a la corrupción (entendida en modo global como lo hace la campaña de la compañía de seguros).

No se trata de valores, creo yo. Se trata de normas de convivencia que deberíamos sentarnos a pensar y consensuar. Luego entonces, una conducta desviada será aquella que se separe del “acuerdo”. El reproche viene implícito.

La persistencia es lo que más cuesta. El tomo dos del libro, el segundo día del gimnasio, el lunes laboral (para aquellos que no les gusta su ocupación), etcétera. Ahí está el reto. Bienvenidas las campañas creativas (y no las aburridas que solo tienen por intención “cumplir por cumplir”). Que sigan, adelante.

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