El populismo folklórico de Pedro Castillo, por Piero Gayozzo

«El populismo de Castillo es uno fracasado. Un populismo folklórico e improvisado que, para el bien del país, no ha sabido echar raíces para entronizarse ni ha sabido plagiar otros modelos de gobierno de la región que le han servido de no poco ejemplo e inspiración».

2.012

Anteriormente intentamos identificar cuál es el enfoque ideológico de Pedro Castillo y concluimos que sus decisiones políticas son guiadas por algún sistema de pensamiento que combina un tipo de conservadurismo ético con un programa populista anti-sistema con claras simpatías e inclinaciones izquierdistas. 

En la academia el populismo se vincula a diferentes ideologías políticas, ya sean de izquierda o de derecha, incluso a programas económicos específicos, estrategias discursivas y formas de ver el mundo. De entre todas esas definiciones, una de las más amplias es la de Cas Mudde y Rovira Kaltwasser (2017), quienes definen el populismo como una ideología que considera que la sociedad está separada entre el pueblo y las élites, por lo que el populista asume que la política debe representar la voluntad del pueblo que él o el movimiento del que participa encarna. 

En efecto, el castillismo calza en esta definición, pero hace falta analizarla con mayor detalle para comprender su naturaleza. Gracias a los 10 meses de gobierno es posible identificar en la praxis del Ejecutivo al menos dos formas de populismo: la estrategia discursiva y la práctica política folklórica. La primera es la definida por Mudde y Kaltwasser y se manifiesta en su inagotable uso de la palabra pueblo para justificar aquello que cree entender, pero que es incapaz de explicar o resolver. La segunda refiere a aquel conjunto de prácticas que irrumpen con las conductas políticas profesionales y se tornan mediáticas por su naturaleza amateur y “farandulera”. Esta otra forma de populismo queda explicitada en su inepta y extravagante forma de comunicar sus políticas y presentar su gobierno ante la sociedad. 

Es importante indicar que Pedro Castillo no es el único que ha incurrido en estas prácticas durante la campaña electoral, pero quizás sea uno de los pocos que lo han continuado con ahínco durante su mandato.

Lo mencionado puede evidenciarse desde el día de su juramentación en Palacio de Gobierno cuando el electo presidente rompió con todo esquema y apareció con el sombrero que lo acompañó durante los procesos electorales. ¿Era necesario usar sombrero en un ambiente cerrado en el que obviamente no caía luz solar directamente sobre él? Naturalmente, su uso era político, pues se volvió parte de la marca del “profesor chotano rural” y un indicador de que el “pueblo” había llegado al poder. No contento con dicha muestra de populismo folklórico, Castillo prosiguió y durante su discurso prometió cosas tan estrafalarias como la transformación del Palacio de Gobierno en un museo como muestra de la ruptura con el pasado colonial. 

Pero el gobierno de Castillo ha continuado con medidas y políticas folklóricas. Una de las más desastrosas para el país ha sido la organización de los fracasados Consejos de Ministros Descentralizados. Estas reuniones fuera de Lima se propusieron como una muestra de trabajo directo y coordinado con la población; sin embargo, en la realidad solo han sido un despilfarro tremendo de dinero y una muestra del despliegue de fuerzas del cargo presidencial. Con relación a sus operaciones, casi ninguna de las reuniones ha sido fructífera, pues solo 1 contaría con medidas aprobadas. A ello debe sumársele el que estos espacios han servido de medio de propaganda del Ejecutivo, ya que han sido empleadas para promover una nueva Constitución para el Perú, para atacar a la libertad de prensa y para arremeter contra el Congreso de la República.  

Otra medida similar ha sido la promocionada Segunda Reforma Agraria, un proyecto que prometía la mejora sustancial en la producción agraria como mecanismo de impulso de la economía. De acuerdo a Videnza Consultores, el programa posee algunos aciertos que distan mucho de ser novedosos, incluye algunas apuestas arriesgadas, recurre a políticas caducas, como la banca agraria, y deja de lado a actotes de suma importancia para centrarse únicamente en la agricultura familiar. El populismo folklórico de Castillo se evidencia en la venta de esta política como si de un hito histórico se tratara, pues hizo uso de la memoria de la Reforma Agraria ejecutada por el dictador Velasco Alvarado al ser promovida como su continuación y complemento a la vez que se implementó un día 3 de octubre, fecha en que se diera el golpe militar que instauró el Gobierno Revolucionario de las Fuerza Armada. 

¿Fueron dichas medidas parte de un exitoso plan de que resultaron en mayor legitimidad para Castillo y su banda? Lo bueno para muchos es que sus estratagemas fracasaron tanto como sus gabinetes ministeriales. La última encuenta de CPI ha arrojado un resultado estremecedor para el Ejecutivo, pues el 71.4% de la población desaprueba su mandato, lo cual quiere decir que el populismo castillista es unidireccional, pues mientras el Presidente dice saber y hacer lo que el pueblo desea y necesita, la sociedad no ve en él a su representante y con su rechazo le resta toda legitimidad. 

Para la sorpresa de casi nadie, en estos días Castillo ha recurrido a las mismas estrategias y, esta vez, decidió distraer a la descontenta ciudadanía con un feriado nacional para que puedan ver el partido de fútbol de Perú para la clasificación al mundial de Qatar 2022. ¿Era necesario que el gobierno se entrometa en algo como esto? Definitivamente, las personas más sensatas no apoyarán esta medida y lo verán como lo que es: una medida desesperada por ganar la voluntad popular. Algunas organizaciones privadas, como la Universidad de Lima, y públicas, como la Municipalidad de San Isidro y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cuzco, han emitido comunicados en los que afirman que continuarán con sus actividades como de costumbre. 

El populismo de Castillo es uno fracasado. Un populismo folklórico e improvisado que, para el bien del país, no ha sabido echar raíces para entronizarse ni ha sabido plagiar otros modelos de gobierno de la región que le han servido de no poco ejemplo e inspiración. Es evidente que Castillo nunca canalizó voluntad social alguna, sino que un sector de la población decidió lanzar los dados y tentar a la suerte a pesar de las señales de ineptitud, desorganización y posible peligro que se vieron desde el comienzo. 

Esperemos que el Legislativo actúe pronto y el Ejecutivo tenga un nuevo rostro, pues cada día que pasa, será un día más que tardaremos en recuperarnos de este tropiezo histórico. 

 

Referencia

Mudde, C. y Kaltwasser, C. R. (2017). Populism. A very short introduction. Oxford. 

 

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