El príncipe de los caviares

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Martín Santibañez, Aldo Mariátegui y Jorge Morelli –entre otros periodistas y no pocos políticos- se han encargado de discrepar con la candidatura de Diego García Sayán a la Secretaría General de la OEA, la misma que está siendo reevaluada por el gobierno, según ha declarado el canciller Gonzalo Gutiérrez.

Hace menos de tres años, el 26 de enero de 2012, Diego se graduó en la Maestría en Derecho con mención en Política Jurisdiccional de la PUCP sustentando la tesis: «Derecho de los pueblos indígenas y justicia interamericana», con nota sobresaliente.

Diego nació en el barrio de Forest Hills en Brooklyn, Nueva York, hijo del ex canciller Enrique García Sayán, a quien tuve la suerte conocer en el club El Golf de San Isidro, por amable invitación suya, para almorzar y comentar un pequeño libro mío, “La alternativa democrática”, que se vendía en la librería Studium y que le había gustado. Su padre era un hombre distinguido, de educación refinada que Diego ha heredado; y que no ha perdido a pesar de haber militado en el PUM -pecado de juventud-.

Diego se ha caracterizado durante su ya larga trayectoria pública por una extraordinaria habilidad para moverse en los ambientes políticos nacionales y de los peritos internacionales, para estar presente en puestos de relieve mediático. En él se puede comprobar que el poder da poder, pero también –irónicamente- lo contrario, que el poder desgasta.

En efecto, en 2004 fue elegido juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de la cual ha sido presidente en el período 2010-2014. Pero su paso por la Corte de San José, que pensó sería su trampolín para la OEA, ha sido, en cambio, su impedimento insalvable, como los arriba mencionados se han encargado de advertir. ¿Será el declive definitivo del príncipe de los caviares?