El problema de la pobreza, por Nathalie Paz

"Estas preguntas se las ha planteado uno solo de los candidatos a la presidencia, Hernando de Soto, quien se las planteó hace décadas y ha dedicado muchos años a trabajar en soluciones, siempre de la mano de las personas a quienes estos problemas aquejan".

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6 millones 564 mil 93 peruanos no pueden pagar el costo de la canasta básica (compuesta por alimentos, bienes y servicios) valorizada en 352 soles mensuales en el 2019; es decir, son pobres.

Este grupo de personas pobres suele ser reducido a estereotipos dependiendo de a quien se le pregunte: víctimas o culpables, emprendedores u ociosos, nobles o ladrones. Los vemos como personas a quienes admirar, por quien sentir pena, o a quienes culpar. E inevitablemente todos creemos poder resolver sus problemas: ahorren, capacítense, no gasten en comodidades superfluas, no tengan hijos. Muy pocas veces se les ha preguntado a los pobres qué necesitan (sin tener intereses políticos), o se han analizado sus problemas de una manera holística – psicológica, económica, social, legal.

Por ejemplo, al resto de personas nos parece alarmante que personas de bajos recursos gasten cientos de soles en fiestas o comprando televisores. No entendemos cómo escogen esas cosas antes de terminar de construir sus casas, o de alimentar mejor a sus hijos. Pero si lo vemos desde la necesidad humana básica de tener una vida agradable, de reír, de disfrutar, podemos simpatizar un poco más. Es un tema psicológico. Si pensamos en sus pequeños negocios, ¿por qué no mejoran la calidad de sus productos y servicios? ¿por qué no se esfuerzan más? vemos que debido a leyes como la que se aprobó la semana pasada, de poner límites en los intereses que pueden cobrar los bancos, ningún banco les quiere prestar dinero por el alto riesgo que conlleva, por lo que los pobres tienen que acudir a mafias de prestamistas que les cobran tasas en dígitos de a 100 y donde caer en morosidad puede significar la muerte. Es un tema legal y social.

Miles de millones de dólares se destinan mundialmente a luchar contra la pobreza. Pero no importa cuantos recursos tengamos, no podemos solucionar un problema si no lo entendemos. Debemos plantear varias preguntas acerca del estilo de vida de los pobres ¿pueden pedir préstamos? ¿ahorrar? ¿entienden los beneficios de la educación y de la salud? ¿por qué no confían? Poniéndolo en el contexto actual del Perú, ¿destinar recursos en dar bonos, los ayuda realmente? ¿inversión pública en dar empleos temporales, ayuda a largo plazo? Estas preguntas al parecer, se las ha planteado uno solo de los candidatos a la presidencia, Hernando de Soto, quien se las planteó hace décadas y ha dedicado muchos años a trabajar en soluciones, siempre de la mano de las personas a quienes estos problemas aquejan. No existe otra manera de mejorar la vida del 20% de peruanos que vive en la pobreza; limitarse a dar bonos y voluntariado estudiantil como proponen algunos candidatos, es como poner un curita en una herida de bala.

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