El producto más difícil de vender

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Justo antes de Navidad, recibí un par de regalos en mi bandeja de entrada: invitaciones a entrevistarme con algunas de las empresas a las que había postulado. La sensación fue alucinante por algunos minutos, había pasado el primer filtro.

 Luego me di cuenta que aún tenía que hacer un buen trabajo en la entrevista y de pronto ya no estaba feliz, sino ansiosa, e inmediatamente recordé el momento en que recibí el correo electrónico invitándome a entrevistarme con HBS. Alivio, felicidad, logro, euforia y pánico, todo junto en menos de cinco minutos. Las estadísticas son distintas en ambos casos, sobre todo porque ahora voy a competir con todas las personas que ya pasaron por el filtro de admisiones de un MBA. Sin embargo, el sentimiento de incredulidad mezclado con terror, es bastante similar.

 Asimismo, la próxima semana, es la fecha límite para postular al MBA en segunda ronda en la mayoría de universidades; pocos días después de la víspera de Año Nuevo, como para asegurar que uno empiece el año con energías y no la pase tan bien en las fiestas. Es por eso que en este post contaré sobre la entrevista por la que pasé para ingresar a HBS, con la esperanza de que reflexionar sobre ello me dé cierta perspectiva sobre el reto que enfrento ahora.

 Primero, algo de contexto. La entrevista para ingresar a HBS probablemente sea única en su especie. Evidentemente, no me he entrevistado con todas las universidades que hay en el mercado, pero según lo que me cuentan, la mayoría funciona de la siguiente manera: la universidad te asigna a un ex alumno que viva en la misma ciudad que tú para que te haga una entrevista por competencias. ¿Qué es esto? A grandes rasgos, ésta es una entrevista en la cual el evaluador intenta identificar patrones de comportamiento en el candidato, suponiendo que la forma en la que una persona enfrentó una situación en el pasado es la mejor predicción de su comportamiento en el futuro, si éste se enfrentara a una situación similar. En castellano, ésta es la típica entrevista donde te preguntan cosas como: “Cuéntame sobre una vez en la que hayas enfrentado un problema difícil y cómo lo resolviste”, por ejemplo. Según entiendo, la entrevista de HBS no sigue este formato en muchos de los casos; al menos en el mío, no fue así

 Para empezar, Harvard es una de las pocas universidades que no “utiliza” a sus ex alumnos como entrevistadores. Ellos basan su proceso en que todos los postulantes deben ser entrevistados por personal de la oficina de admisiones, para minimizar el sesgo que implica tener distintos ojos evaluando a las personas con distintos criterios. Esto introduce en el proceso la necesidad de viajar (tanto para los evaluadores como para los postulantes, en muchos casos) y además limita muchísimo el tiempo disponible por candidato, ya que el proceso está centralizado en pocas personas, con un limitado número de minutos por día. La entrevista de HBS dura estrictamente 30 minutos, ni más ni menos. 30 minutos no es nada. 30 minutos son 2 minutos cuando sabes que la persona al otro lado de la mesa está cuestionando todas las decisiones que has tomado en tu vida, con el afán de poder determinar correctamente si eres lo suficientemente valioso para formar parte de su comunidad. Sin mencionar que hay que convencer a esta persona de que realmente eres mejor candidato que los demás, pero cuidándote de no parecer soberbio.

Viajé entonces a Sao Paulo para que me entrevisten. Sabiendo las particularidades del proceso en HBS, y sabiendo, también, que realmente no podía prever el tipo de preguntas que me harían, estaba bastante nerviosa. Súmenle a esto una accidentada llegada al edificio donde la entrevista tendría lugar, incluyendo un viaje adicional ida y vuelta al hotel para recoger mi pasaporte olvidado, un par de cuadras de correr bajo la lluvia en tacos y sastre y dificultades de lenguaje para entender cómo llegar hasta la oficina. El resultado: un manojo de nervios. Lo que evidentemente parecía una causa perdida, se convirtió rápidamente en una experiencia bastante agradable, en el instante en que conocí a mis entrevistadores. Abrieron la entrevista haciendo un comentario sobre mis videos en YouTube y sin darme cuenta, empezamos la entrevista teniendo una conversación totalmente natural sobre mi experiencia musical. Luego pasamos a hablar un poco de mi trabajo y mi experiencia en el sector social y se acabó la entrevista. Así nomás. Me recomendaron un par de lugares para comer en Sao Paulo y me fui, sin una impresión clara sobre mi performance en la entrevista.

Algunos meses antes de mudarme a Boston, asistí a una charla informativa de HBS en Lima, para ayudar al equipo de admisiones. Me encontré ahí con una de mis entrevistadoras y me quedé conversando un rato con ella. Se acordaba perfectamente de mí y de las cosas que conversamos durante esa media hora. Específicamente, me dijo que disfrutó mucho de mi entrevista. Ahora que lo pienso, creo que algo que no mucha gente te dice cuando te estás preparando para cualquier tipo de entrevista es que un factor importante para ser memorable a los ojos de un evaluador que probablemente tiene que hablar más de diez personas por día, es que tan agradable sea entrevistarte. Y al decir esto me refiero a hacer notar tu verdadera personalidad, tanto en las cosas que dices como en cómo las dices, a no tener miedo a reírte un poco (si es que la situación lo amerita), a demostrar un verdadero interés en la conversación en lugar de respuestas acartonadas y a traer experiencias únicas a la mesa, dándote a conocer abiertamente, sin miedo a ser diferente, pues eso es lo que te hace único.

Muy al margen de la preparación específica a la industria a la que estoy postulando, creo que muchos de los consejos que a veces yo misma doy cuando algún amigo me pregunta sobre las entrevistas de admisión al MBA, me podrían servir en esta ocasión. El popular “fit” cultural no se mide en números ni en respuestas prefabricadas, y tampoco puede uno prepararse para encajar. Simplemente hay que ser sincero de verdad y no dejarse llevar por los nervios.