El que no acepta la historia está condenado a repetirla, por Erik Suárez

«La decisión estaba clara. No cometería el mismo error que las generaciones pasadas en Venezuela al elegir el socialismo de Chávez y Maduro, el cual era representado en Perú con Pedro Castillo».

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“Las circunstancias políticas son diferentes, aquí no podrían hacer algo como en Cuba”. “Ay, pero Cuba es una isla, nosotros somos un país petrolero”. “Venezuela no es Cuba”. Estas son las frases que no han parado de retumbar en mi cabeza en estos últimos días.

No solo porque representan la inocencia del venezolano —la cual los llevó a una de las crisis económicas, políticas y sociales más fuertes del continente en su historia—, sino porque, en los últimos meses, he vivido ‘dejavus’ relacionados a esto cuando hablo de la política peruana.

Desde hace casi ya medio año estuve muy atento a la situación del Perú. Cuando ocurrieron las marchas en contra del expresidente Merino, vi al país adentrarse poco a poco en más de una crisis política de magnitudes catastróficas.

Sin embargo, la ilusión de las elecciones me invitaba a soñar e imaginar un futuro estable para la nación, una estabilidad que también se necesitaba para superar la crisis de la COVID-19. Rápidamente, el sueño se transformó en pesadilla. Apenas acabada la primera ronda electoral,  nos sumergimos en la crítica decisión del año pasado: “la mala o el peor”.

La decisión estaba clara. No cometería el mismo error que las generaciones pasadas en Venezuela al elegir el socialismo de Chávez y Maduro, el cual era representado en Perú con Pedro Castillo. No obstante, nunca pasó por mi mente que, para millones de personas, esta elección no era tan instintiva como lo fue para mí.

Después de la victoria de Perú Libre quedé en estado de shock y, en la búsqueda de explicaciones para entender la victoria de Pedro Castillo, encontré la versión peruana de las frases en el inicio de este artículo: “Perú no es Venezuela”.

¿Por qué un país que ha visto en primera plana la crisis del emigrante venezolano vota por su extensión local? Es una pregunta que hasta el día de hoy no puedo explicar. Podría ser por el resentimiento masivo que se le tiene al daño que dejó la dinastía Fujimori o tal vez el crecimiento desigual y la pobreza de las zonas más alejadas.

Quizá pueden ser ambas y añadir a la mezcla el pensamiento progresista que ha venido creciendo en los últimos años. Lo que sí tengo claro es que ningún país está inmune a las desgracias de un gobierno socialista y, pese a lo que algunos optimistas piensen, el Perú hoy está en grave peligro.

No cabe duda de que puedo estar equivocado y estas semejanzas despierten traumas políticos que provienen de crecer en un terreno en decadencia. Vale la pena arriesgarse. Mientras el pueblo peruano decide, sigo escuchando mil y una excusas de por qué Venezuela y Perú son realidades diferentes. Mis ‘dejavus’ se hacen constantes, más terroríficos.

Espero errar, pero, de no hacerlo, estos ecos de experiencias pasadas se volverán realidad. Así como le pasó a los cubanos, el Perú se convertirá en un vivo ejemplo de lo que la negación a los peligros del socialismo conlleva: tragedia.

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