El quinquenio perdido, por Alfredo Gildemeister

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Terminan los cinco años correspondientes al gobierno de Ollanta Humala. Cinco años que han transcurrido sin pena ni gloria, aunque sea más preciso decir que con harta pena y ninguna gloria. Cinco años en que quedó plenamente demostrado que el pueblo tiene que aprender a elegir mejor a sus presidentes y a sus gobiernos. Lo dijimos ya en anteriores oportunidades desde esta tribuna: Cualquiera no puede ser presidente. Quizá suene antidemocrático pero es así. La presidencia de la República es un cargo muy importante y de mucha responsabilidad –más aún en un país como el Perú, país complejo y con muchos problemas por resolver-. De allí que, repito, cualquiera no puede ser presidente. Debe elegirse al mejor, al más preparado, al más apto para el cargo. No se puede estar ensayando con improvisados que aparecen de la noche a la mañana, que se despertaron queriendo ser presidentes y prueban suerte postulando a la presidencia como si se tratara de una rifa con premio mayor.

Definitivamente y con todo respeto lo digo, cualquiera no puede ser presidente. Así como en una empresa privada, se elige y contrata al mejor –previas entrevistas y análisis minucioso del curriculum vitae, experiencias, recomendaciones, estudios universitarios y de postgrado del candidato- para un cargo directivo o gerencial, lo mismo debe ocurrir para el cargo más importante del Poder Ejecutivo y del país: la presidencia de la República. Sin embargo –y no es primera vez que sucede- la mayoría de los peruanos vota por percepción, intuición, con el corazón o con el hígado pero difícilmente con la cabeza. Se vota por el más simpático, gracioso, popular, que hable bonito, bailarín, pícaro, que sepa insultar y responder insultos, etc. pero ¿Qué hay de su capacidad, preparación, aptitudes, plan de gobierno y propuestas? Poco o nada interesa. De allí que no debe sorprendernos para nada –al menos a mí no me sorprende- el pobre y casi nulo resultado de la “gestión” del presidente Ollanta Humala en estos cinco años.

¿Alguno esperaba un resultado diferente? No le pidan peros al olmo. Con todo respeto pero, ¿Podría esperarse un resultado mejor de gobierno de un militar de mando medio, formado para la vida militar? Zapatero a sus zapatos. Obviamente no esperábamos otra cosa. Baste recordar un poco, aunque el pueblo peruano suele tener poca o nula memoria. Un hombre como Ollanta Humala que, como candidato presidencial presentó nada menos que cinco planes de gobierno, cada cual peor que el otro, comenzando con su famosa “Hoja de ruta”, copia de las nefastas, fracasadas y antidemocráticas políticas chavistas en Venezuela, el cual se declaró públicamente admirador del dictador Hugo Chávez -al cual visitó muchísimas veces- al igual que a los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba, de los cuales recibió ingente ayuda económica para su campaña, ¿Podía esperarse que hiciera un buen gobierno? Luego de perpetuar dos intentos de golpe de estado contra gobiernos constitucionales; ser cuestionado por el caso Madre Mía; cuando apenas elegido presidente pero no juramentado, su hermano Alexis ya estaba haciendo extraños negocios en Rusia; luego de todo esto llega al gobierno prácticamente sin equipo, apoyado por un movimiento más que partido, totalmente frágmentado, y luego de juramentar por una constitución derogada y no vigente como la de 1979 lo cual en cualquier país del mundo hubiera invalidado su investidura- ¿Se esperaba un mejor gobierno?

El tiempo demostró que lamentablemente este hombre carecía de las cualidades natas para gestionar un buen gobierno: su falta de decisión y liderazgo, su incapacidad en los temas económicos y demás, tan necesarios para gobernar, su falta de firmeza en las decisiones tomadas contradiciéndose con lo acordado antes sin más –caso Conga y otros-, su falta de carácter para imponer autoridad ante los conflictos sociales queriendo contentar a todo el mundo y especialmente, su falta de personalidad y carácter para ubicar a su esposa -la primer dama- en su lugar, más aun cuando la “primea dama” no constituye cargo oficial alguno de gobierno pues no existe. Esto último es uno de los errores más graves del saliente presidente lo cual no solo afectó su imagen sino que originó que la que nombraba ministros, daba órdenes e imponía erradas políticas de estado, es decir, la que gobernaba ¡Era su mujer! ¡Todo un matriarcado! ¡Humala no decidía nada sino era con la anuencia de su esposa! Si a ello le agregamos que al no tomar decisiones ni generar confianza en los inversionistas –peor aún después de Conga- las inversiones prácticamente se detuvieron comenzando un grave proceso de desaceleración de la economía que la sociedad civil sintió en sus bolsillos claramente, ante todo esto, más un grave proceso de corrupción galopante que fue saliendo cada vez con más claridad a la luz pública, ¿Se podía esperar un buen gobierno, la mejora de la economía, crecimiento y la solución de los problemas del país con un hombre así y encima con una mujer que dominaba tanto al presidente como a sus ministros? Difícil, por no decir imposible.

Por lo tanto, queda demostrado que no se puede pedir peros al olmo. Se perdieron cinco años en que se pudo crecer mucho más -ser un país mejor-, por elegir mal, por elegir a una persona –y un equipo de paso- que lamentablemente no reunía las condiciones para ser un buen presidente. Esto era perfectamente previsible. No nos engañemos. Si bien en su momento, la incapacidad de Toledo tuvo gracias a Dios a un PPK que gobernó y decidió bien por él, desgraciadamente para el país, Humala se sometió a una Nadine que decidió mal por él y lo destruyó como presidente, afectando tremendamente al país. De allí que, señores, hemos perdido todo un quinquenio para el país. Por lo que siempre debe procurarse elegir bien, que con la presidencia no se ensaya ni se juega.

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