El sentido de la vida, por Verushka Villavicencio

«“El sentido de la vida es amar”, concluye María. Nos da una gran lección para el diseño de políticas públicas que tienen como eje valores humanos, sin limitarse al gasto de infraestructura e involucrándose con propósitos de desarrollo humano».

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La película “Lo imposible” es una clave para la resiliencia. María Belón, médico y psicoterapeuta española, es la mujer que inspiró el filme. Para ella, en medio de un trauma brutal, solo quedan dos caminos: victimizarse y justificar todas las acciones diarias por la desgracia que vivió o tomar la desgracia como una oportunidad para desarrollar nuevas habilidades en la vida.

“Nadie me lo había dicho, son milésimas de segundos, el muro que me cubría era el océano que se venía sobre mí…y el momento más duro es cuando emerjo al otro lado del hotel, en shock, me veo sola, y te preguntas para qué la vida me ha dejado sola”, cuenta María en la plataforma Aprendemos Juntos del BBVA.

La situación que María afrontó al sobrevivir a un tsunami, la llevó a descubrir el nivel de solidaridad de los comuneros que la rescataron, detuvieron la hemorragia de sus heridas, construyeron una camilla con una puerta vieja y la envolvieron con ropa limpia transportándola hasta un hospital. Esas acciones que aceptó para sobrevivir la llevaron a experimentar cómo personas humildes son capaces de darte lo que tienen para ayudarte, sin buscar nada a cambio.

Fue así como María y su familia comprendieron el significado de agradecer. Explica que experimentaron la solidaridad y aprendieron a ser valientes a pesar de tener miedo ante la situación de desprotección frente al tsunami. Ella, su esposo y sus tres hijos hasta hoy se conmueven frente al recuerdo. Pero, también ahora son capaces de hacer suyo el dolor de otro para ayudarle a avanzar en la vida. Esa es la verdadera solidaridad.

Si enlazamos esta situación con la concepción que tenemos de la solidaridad, nos daremos cuenta que muchos damos al otro lo que nos sobra o aquello que no necesitamos. En ese sentido, realmente “no somos capaces de darnos al otro” y no hemos logrado formar aquella fuerza interior que nos lleva a luchar a pesar de tener miedo. Vivimos con miedo a sufrir.

La pandemia es el gran tsunami que nos ha envuelto. Sus estragos son las cifras alarmantes respecto a la salud mental. El Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) del Ministerio de Salud (Minsa), realizó un estudio epidemiológico para conocer el impacto de la pandemia en la población adulta. De 1823 entrevistas vía telefónica, el 52.2% sufre de estrés de moderado a severo por problemas de salud, económicos o familiares.

No solo necesitamos tratamientos farmacológicos, sino habilidades para la vida y espacios públicos seguros para desarrollarlas. Requerimos aprender a afrontar el miedo así como la desgracia. El camino es la resiliencia como estrategia para promover una salud mental, cuyo propósito eleve nuestra calidad humana. Si aprendemos a ser solidarios ayudando a otros en su necesidad, habremos aprendido a afrontar la vida como humanidad y no desde nuestra individualidad.

“El sentido de la vida es amar”, concluye María. Nos da una gran lección para el diseño de políticas públicas que tienen como eje valores humanos, sin limitarse al gasto de infraestructura e involucrándose con propósitos de desarrollo humano.

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