El sonido de la libertad contra el cliente, por Verushka Villavicencio

«Las niñas y niños no se venden ni merecen dádivas sino el ejercicio responsable de un Estado que debe priorizarlos en sus acciones.»

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Cada día desaparecen 8 niños y niñas en México y se estima que nutren la red de trata que los dirige hacia Estados Unidos, el país que lidera el consumo de sexo comercial con niñas y niños menores de 18 años, según declaraciones de Eduardo Verástegui, productor del film “El sonido de la libertad”.

En nuestro país entre el 2009 y el 2014 se registraron 273 casos de presuntas víctimas por explotación sexual de niñas y niños de acuerdo al Observatorio Nacional de la Violencia contra las Mujeres y los integrantes del grupo familiar en Perú. De acuerdo al Ministerio Público hasta octubre de 2021 se registraron 649 casos de trata de personas a nivel nacional. De este total, el 45% de víctimas eran adolescentes mujeres entre 13 y 17 años. Durante el 2022, se registraron más de 2 mil denuncias entre enero y abril.

Este mercado que comercia el sexo de niñas y niños existe porque la demanda de esta actividad la lideran ciudadanos que no reconocen la humanidad de la infancia. Es decir, sancionar drásticamente al consumidor de sexo comercial y a las redes que soportan esta actividad ilícita es una tarea pendiente que se encuentra respaldada por la ley N°30963 que modifica el Código Penal respecto a las sanciones del delito de explotación sexual en sus diversas modalidades y delitos conexos, para proteger con especial énfasis a las niñas, niños, adolescentes y mujeres.

Esta ley sanciona al cliente en el art 179-A por tener acceso carnal mediante una prestación económica o ventaja de cualquier naturaleza con pena privativa de la libertad entre 15 y 20 años.

En este contexto, hace dos semanas, Eduardo Verastegui estuvo en Lima y presentó en el Congreso de la República, su film “El sonido del silencio” convocando a las autoridades a adoptar acciones estratégicas para evitar la vulneración de los derechos de las niñas y niños que padecen la criminalización de sus cuerpos, siendo vendidos como mercancías. Pero, la estrategia no será completa si sólo se piensa en recuperar a las niñas y niños que viven sumergidos en estas redes. Es necesario no sólo abordar la oferta de esta actividad sino la demanda de la misma. Por tanto, se debe focalizar las fuerzas en frenar la actividad que ejercen los hombres que solicitan este cruel servicio.

¿Cuál es el estado de la salud mental del cliente que demanda sexo comercial con una niña o niño que puede tener la edad de su hija, hijo, nieto o nieta? ¿Cuáles son las medidas de intervención que va a ejecutar la Policía Nacional para detener a los clientes y cuál es la estrategia del Ministerio Público? ¿Cuál es el plan de acción de los alcaldes regionales y locales para abordar la trata de niños y niñas? ¿Cuál es el programa de recuperación y acompañamiento para las niñas y niños rescatados dirigido a fortalecer sus redes familiares?

Estas son algunas de las preguntas cuyas respuestas comprenden el diseño e implementación de un plan nacional para la erradicación del consumo de sexo comercial con niños y niñas. En este plan debe intervenir un equipo multidisciplinario con experiencia en gestión por resultados con enfoque de desarrollo humano y presupuesto alineado a resultados para el corto, mediano y largo plazo.

Las niñas y niños no se venden ni merecen dádivas sino el ejercicio responsable de un Estado que debe priorizarlos en sus acciones.

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