Elecciones británicas: ‘Another one bites the dust’

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El pasado 7 de mayo se llevó a cabo la Elección General del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. En esta jornada se elegiría a los nuevos miembros del Parlamento, y de manera derivada al Primer Ministro. Dos grandes partidos, el Conservador, buscando la reelección de David Cameron; y el Laborista, buscando la elección de Edward Milliband. En segundo plano quedaban la expectativa en torno al partido nacionalista escocés (SNP) y el partido Liberal Demócrata (Lib-Dems).

Los comentarios del “público especializado” y la prensa, parcializada por cierto, mencionaban de forma recurrente, hasta el mismo día de la elección que seria un empate o una victoria Laborista. Lamentablemente, para algunos sectores políticos, estas pulsaciones manifestadas en el ágora británica, no pudieron convertirse en realidad. Cameron en vez de perder, ganó por un margen significativo. Milliband nunca lideró, y más bien quedó a seis puntos porcentuales debajo de su contendor. De ello, desprendo dos conclusiones acerca de este evento electoral.

  1. La prensa monopoliza la tendencia, la estudia, la proyecta y define quién gana, cada vez con menos sustento. Lo que resulta cómico es que cuando existe fuerzas políticas, o simplemente ciudadanos de a pie, que expresan deseos que se acerquen candidaturas de políticos que no sean políticamente correctos (léase cualquier candidato que no sea de izquierda) son percibidos como abusivos. Sin embargo, la prensa internacional se perfiló por darle más cabida a una posible victoria de Milliband. No hubo otra mirada alternativa. Las redes sociales hicieron eco de este deseo escondido en el manejo de información electoral. Es el mismo esquema que se arma cuando existe un favorito, uno de las minorías, que parece ser el único, el outsider, el destinado a ganar. Así se ignora lo mas importante de la democracia, la variedad en la oferta política.
  1. Las encuestas monopolizan la tendencia, la estudian, la proyectan y definen quién gana, cada vez con menos sustento. Este otro tema es un poco más problemático. La mayoría de empresas consultoras y de estudios “sociales” en Europa y en Estados Unidos siguieron esta línea. Ello sucedía mientras que realizaban estudios diarios de forma científica, a pesar de ser las más interesadas en el tema. Ninguna encuesta, ni una sola, en más de tres años de seguimiento al proceso político británico dio por un margen significativo como ganador a Cameron. El mismo día de la elección mencionaban empate, la necesidad de armar otras coaliciones de gobierno, o victoria de Milliband. Las encuestas de boca de urna así lo confirmaban. Parece ser que el efecto de la elección de Colombia 2010, entre Santos y Mockus todavía no es asimilado por las encuestadoras. En esta otra elección generales se mencionó empate hasta el hartazgo, cuando bien Santos ganó por cerca de 40 puntos porcentuales.

Cameron pasó a contar con 31 escaños más, de 301 a 332, y Milliband 24 menos, de 256 a 232. Las bocas de urna del 7 de mayo mencionaban, en promedio, un empate entre los 270 y 280 escaños cada uno.

No me preocupa que la opinología tenga su versión, eso es necesario y vital en el juego democrático. La libertad de expresión debe ser practicada. Lamentablemente, cuando esta solamente favorece a un determinado grupo político, deja de ser periodismo, o información, y pasa a convertirse en un franco mensaje ideológico, una posición política camuflada bajo la pluma periodística.

En forma paralela, el resultado de la pelea Mayweather y Pacquiao quedó como anécdota, cuasi antesala, a la elección del 7 de mayo.