Elegía para Manongo Gastañeta, por Andrei Atanasovski

"Tu vida será un testamento de tu arduo trabajo y tu pasión por la justicia y el derecho, la historia y el arte".

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Quienes conocimos en vida al gran hombre que fue Manongo podremos coincidir en sus muchas virtudes y talentos, sin embargo, las cualidades que siempre quedarán impresas en mi memoria serán su bondad y sencillez. En una sociedad tan plagada de pretensiones y desenfreno, su mesura, sabiduría y sobriedad brillaban como un faro guiando a aquellos navegantes errantes a buen puerto, me incluyo entre ellos. Sus consejos, su clásico “menos es más” en perfecta dicotomía con su elegante barroco en la decoración de su casa, siempre quedará indeleble en mi memoria.

Cuando nuestros amigos a los que tanto nos harás falta me encomendaron con esbozar estas palabras hace unos días, me negué mientras estuvieras acá en vida, traté de aferrarme a la idea de que volverías a despertar, de que volveríamos a tomarnos un Gin Tonic y pegarnos una tertulia con Daniel, Nico y Rafo, con Guille y con Juan Pablo.Ahora entiendo que, aunque ya no estés físicamente, siempre vivirás. Siempre estarás con nosotros como un ángel protector hasta que el inevitable momento llegue de reencontrarnos en la próxima. Harás tanta falta en un mundo como el actual.

En una ciudad tan gris la luz de tu Nobleza que siempre brilló con tanta fuerza, nunca su apagará. Tu vida será un testamento de tu arduo trabajo y tu pasión por la justicia y el derecho, la historia y el arte. ¡Que bella vida viviste Manongo! Gracias, por tanto, gracias por contagiar las nuestras con tu virtud, con esa verdadera nobleza que ahora, me temo, solo existe en los cuentos de hadas. Descansa en paz.

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