Embrujados

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A mediados de la década de los noventa, el periodista y analista político Alfredo Barnechea publicó el libro “La República Embrujada”, libro que serviría de referencia para entender la dinámica inconexa del poder en el Perú. Barnechea plantea en su libro el singular tránsito por el que ha transcurrido la república, el cual ha impedido alcanzar una estabilidad institucional indispensable para consolidar un sistema representativo y democrático.

La tesis de Barnechea se mantiene vigente veinte años después, al ser testigos de un gobierno que está contra las cuerdas de la ineficiencia y el descrédito, tanto social y político como económico, en los últimos años. En cierta medida esto no es entera responsabilidad de esta administración, puesto que arrastra taras de otros gobernantes y la administración complaciente de un país almidonado por el crecimiento económico. No obstante, sí es entera la responsabilidad en fallar rotundamente en brindarle al Perú esa gran transformación–democrática e institucional—que requiere para consolidar su tránsito hacia un país socialmente viable.

En ese contexto, el gobierno tiene como única responsabilidad–a un año de dejar el poder—el salvaguardar su credibilidad para optimizar las pocas posibilidades que tiene de ejercer un gobierno viable y una transición democrática el 2016. Desafortunadamente, el disparo al pie en el que ha consistido el “secuestro” de Martín Belaúnde Lossio (MBL), comparable con el secuestro del ex presidente Toledo o con el sufrido por José Luis “El Puma” Carranza, solo ha servido para deteriorar la ya alicaída imagen del gobierno. Ello, sumado a la seguidilla de crisis de gobernabilidad recientes, dificultan el mínimo imperativo que debiera plantearse el Ejecutivo para llegar al tiempo de descuento con un poco de oxígeno.

Lo que se viene para la segunda mitad del año será incierto y posiblemente sombrío. Se terminará de destapar la red criminal de MBL y compañía, que encontrará puntos en común con la mafia de Rodolfo Orellana y que bien podría terminar en la aún vigente maquinaria de Vladimiro Montesinos. Tal vuelta de búmeran a los años noventa solo servirá para demostrar que es deficiente el aprendizaje ciudadano que se ha tenido en casi quince años de vida post-dictadura fujimorista, y que debido a ello reeditamos viejas películas que son espejo de nuestras limitaciones democráticas. Pareciera que, como triste premonición, efectivamente los peruanos estuviéramos condenados a vivir en una República Embrujada que ya consumió nuestras esperanzas y expectativas. No obstante, en el 2016 aún estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido. No perdamos los estribos si el objetivo es romper el hechizo lamentable de la república que siempre promete ser lo que no es.