En nombre de las mujeres, por Verushka Villavicencio

«En nombre de las mujeres que consideramos que fue ofensivo mellar la dignidad de una periodista, busquemos que nuestros hijos comprendan, aprendan y otorguen valor a las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres.»

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Estoy segura que desde hace varios meses atrás todos tenemos la sensación de estar viviendo en una telenovela cuyo guion nos parece escrito por guionistas que no conectan con la realidad del país.

Un tema sensible son los derechos de las mujeres cuya igualdad respecto a los hombres todavía tiene una brecha inmensa.

Las mujeres a lo largo de la historia han conquistado sus derechos luchando porque sus voces sean escuchadas y respetadas. En nuestro país fue recién en 1908 que se promulga la Ley N° 801 que permitió a las mujeres ingresar a la universidad. El derecho a votar fue ejercido por primera vez durante el gobierno de Manuel A. Odría en 1956 y en esa elección ganaron curules 8 fueron mujeres como diputadas y 1 como senadora. Ese mismo año se incluyó a las mujeres como miembros de la Policía Nacional del Perú, siendo la primera institución castrense en América Latina en realizarlo. Derecho al voto, derecho a la educación, derecho a la igualdad solo algunas conquistas que fueron logradas con esfuerzo.

Arrastrando décadas y con cientos de miles de mujeres que murieron por la violencia de sus parejas, fue recién en el 2011 que el feminicidio se tipifica como delito con la modificación del art. 107 del Código Penal en nuestro país.

Todavía tenemos barreras para nivelar la educación de las mujeres que se acentúa con las tareas domésticas que son asumidas en el hogar y que terminan por obligar a las niñas a dejar la escuela. En las zonas rurales es más pronunciado y se incrementa por el trabajo infantil, la trata, los matrimonios precoces y los embarazos adolescentes.

La deserción escolar durante la pandemia se pronunció porque niñas y jóvenes abandonaron sus estudios por hacerse cargo de las responsabilidades del hogar. El Ministerio de Educación cuantifica que más de 300 mil estudiantes dejaron de ir al colegio en el 2020, según una publicación de Plan Internacional.

Este tema es central porque sin educación no podremos hacer frente a situaciones de vulneración de nuestros derechos como mujeres. El lamentable discurso del Premier refiriéndose a la periodista Sol Carreño es una muestra alarmante de la ausencia de una educación que otorgue valor a la mujer por su ser y no por los roles que asume. En vez de dar una explicación a la opinión pública respecto al reportaje que se difunde y que presenta la periodista, arremete con conceptos que desdibujan el cargo que asume frente a todos los peruanos con la anuencia de ministros que ceden tiempo valioso para participar de esta escena restando atención a sus respectivas carteras.

La pregunta inmediata es si los padres y madres de familia estamos guiando a nuestros hijos para que logren decodificar estas situaciones que se difunden y que requieren la disertación en casa. Me da escalofrío pensar que un niño o niña procese inadecuadamente lo que ve y escucha pues dentro de 20 años ¿Qué conducta podría desarrollar con su madre, esposa e hijos?

Para la periodista italiana Valeria Palumbo, quien recientemente ha publicado un artículo sobre cómo se debe representar a las mujeres en las noticias, es necesario reconocer que la violencia contra las mujeres no es un chiste. Explica que un grupo de jóvenes varones en España lanzaron frases machitas a un grupo de jóvenes mujeres y la prensa lo tildó como “chiste” o broma.

En nombre de las mujeres que consideramos que fue ofensivo mellar la dignidad de una periodista, busquemos que nuestros hijos comprendan, aprendan y otorguen valor a las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres. Formemos ciudadanos capaces de dialogar y reponerse ante la crítica, que aprendan a tender puentes y busquen alianzas por el bien común.

En nombre de las mujeres que a lo largo de la historia se inmortalizaron por defender ideales nobles y por aquellas que obran salvando vidas en todo el mundo, salvemos también a nuestros hijos e hijas de la intolerancia enseñándoles habilidades blandas para la vida para que conecten sanamente con otros y logren sonreír más.