Encontrar tu propósito en la vida: Un día a la vez, por Scarlet Castro

«Es ahí donde entendemos la importancia de vivir un día a la vez, de disfrutar los momentos de felicidad por nuestro avance en lo que nos apasiona y de valorar a quienes hacen un poco más sencillo el camino: nuestro verdadero propósito».

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¿Cuántas personas que conoces no están haciendo con su vida lo que en verdad quieren? Siempre he pensado que afligirse por el futuro incierto está de más. Existen situaciones que alejan a las personas de realizar lo que realmente les apasiona y alcanzar la plenitud de sentirse realizados y satisfechos: una buena oferta laboral o una necesidad. Sin embargo, en la gran mayoría de casos es porque no se han hecho la pregunta más importante: ¿Cuál es el propósito de mi vida?

He logrado reconocer que las experiencias que se suman a nuestra vida coexisten y coaccionan constantemente, formando finalmente el verdadero propósito de la misma. Las personas que asumen riesgos terminan teniendo y logrando más. La mayor equivocación que existe hoy en día es no intentarlo. No existen los errores del pasado ni del futuro, solo existe el error de no hacerlo en el momento. Una filosofía china dice que “si estás deprimido, te encuentras estancado en el pasado; si estás ansioso, estás viviendo en el futuro; si estás en paz y satisfecho, estás disfrutando del presente”.

Es crucial defender lo que se piensa, siente y cree, pero también aprender a ceder cuando la circunstancia así lo solicita. Entonces, ser una buena persona involucraría poder generar ese cálido ambiente de coexistencia, donde todos comparten experiencias importantes que van definiendo lo que en verdad quieren para sí mismos.

La ansiedad en los jóvenes se hace cada vez más común, pues, la persona que se aflige por su futuro, comienza a descuidar la valoración de aquellos momentos que precisamente lo irán construyendo, al mismo y a su propósito. Si paramos un momento de nuestra rutina diaria y analizamos cuántas de las preocupaciones que en ese instante tenemos se deben a nuestro futuro, y a su vez entendemos que en realidad el sentido de la vida yace en vivir un día a la vez; nos damos cuenta que carecen de real sentido para llevarlas a ese nivel de angustia, inseguridad, crisis, estrés e incluso ansiedad.

Hace poco escuché lo siguiente: «Probablemente las personas olviden lo que les dijiste, pero jamás olvidarán lo que les hiciste sentir». Una línea llena de verdades absolutas. Si de algo estoy completamente segura, es de que el futuro es totalmente incierto, pero, a su vez, es probablemente lo más difícil de definir con cada paso que damos y escalón que subimos.

Muchas veces he sentido una mezcla de todos los sentimientos anteriormente mencionados por la diversidad de cosas que me gustan. Al culminar cada actividad de la que soy parte, pienso: ¿será esto lo mío?, ¿y si mi plan de vida es otro?. Ahora, ¿desde cuándo decidimos nosotros nuestro plan de vida? Ubicado en el futuro, es dependiente de mil factores que no podemos controlar. No sabemos lo que vendrá más adelante, pues lógicamente podría conllevar a cambios de pensamientos, hábitos o gustos.

Las personas de las que nos rodeamos sacarán cada una de tus versiones, desde la mejor hasta la peor. Cada actividad que realices y te apasione, irá alargando la lista de posibilidades a las que podrías dedicarte; pero, sobre todo, el tipo de persona que seas con los demás buscadores de esa misma verdad, determinará la vibra de cada ambiente que ocupes de ahora en adelante.

Una vez me dijeron: «Sé redundante, al explicar o escribir, es la única manera de que las personas recuerden algo importante». Para esto, he logrado comprender algo que me ha traído una tranquilidad y mezcla de sentimientos increíble que quiero compartir. Encontrar con precisión nuestro propósito en la vida, lo que queremos hacer con ella y a dónde debemos redireccionarla, no es una decisión que se toma en un momento específico, sino que va a darse por sentada al identificar los sentimientos que nos invaden por dentro en cada episodio productivo y enriquecedor del que somos parte; de cada instante en el que el corazón nos late a mil por hora y decimos por dentro: «esto es lo mío, lo que me hace feliz; esto es lo que me apasiona».

Es ahí donde entendemos la importancia de vivir un día a la vez, de disfrutar los momentos de felicidad por nuestro avance en lo que nos apasiona y de valorar a quienes hacen un poco más sencillo el camino: nuestro verdadero propósito.

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