Entendiendo al Estado Islámico (II), por Daniel Ku Hop

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El pasado domingo 3 de septiembre nos sorprendió a todos con una excelente noticia: ISIS ha perdido ahora otra de las ciudades importantes que poseía dentro de Iraq, Tel Afar. A la fecha, desde la radicalización de los esfuerzos por controlar el avance del grupo terrorista, ISIS ha perdido 7 ciudades estratégicas: Baquba, Abu Ghraib, Falluja, Ramadi, Tikrit, Mosul y la anteriormente mencionada Tel Afar. Todo parece indicar que para antes de fin de año, la coalición global debería estar liberando Raqqa, la “capital” del autoproclamado “Estado Islámico”. Sin embargo, a pesar de que estas son excelentes noticias para todo el mundo, existe una pregunta que sigue quedando pendiente. ¿Es el fin de ISIS el fin del terrorismo islámico? La respuesta es dura pero sencilla:  No. ISIS es solo una parte de una lucha mucho más grande y que tiene muchos otros actores que existen desde antes de la creación del mismo Estado Islámico.

La semana pasada, escribí acerca de cuáles fueron los orígenes de ISIS, cómo es que está organizado y de qué manera diferenciar al grupo terrorista de todo el movimiento que genera. Los avances militares realizados hasta el momento, si bien son muy positivos, tan solo están terminando con el grupo terrorista, mas no eliminando el problema ideológico que existe detrás del mismo (entiéndase problema ideológico como fundamentalismo religioso y no como religión islámica). En este artículo, y para aclarar un poco más el panorama, escribiré acerca del cambio de estrategia que tuvo ISIS y como este afectó no solo su estructura interna sino también el sentido del movimiento generado.

ISIS, como escisión del grupo terrorista Al Qaeda, aprendió de la experiencia de este y mejoró en muchos sentidos su estrategia. Mientras Al Qaeda cometió graves errores en el proceso de “globalización del Jihadismo”, ISIS corrigió estos errores y consiguió que este se desarrolle de tal manera que terminó cambiando al terrorismo religioso por completo. Tras el cambio realizado por ISIS en la estrategia para desarrollar el terrorismo, diversas realidades cambiaron. En el aspecto internacional, el mencionado cambio consiguió un crecimiento exponencial en los atentados fuera de la península arábiga y un aumento claro de adeptos a la causa, siendo muchos de ellos occidentales convertidos al Islam. En el aspecto interno, según un estudio de Marc Sageman, autor del libro “Leaderless Jihad: Terror Networks in the Twenty-First Century”, la “globalización del Jihadismo”, ha generado un decrecimiento en la edad promedio del miembro de la central de ISIS, pasando de 26 años, a tan solo 20 años. Asimismo, por contradictorio que suene, la mujer ha conseguido empoderarse dentro de estos grupos, teniendo una posición cada vez más importante en la “misión sagrada”. Finalmente, la tercera consecuencia interna generada por la “globalización del Jihadismo” es el cambio en la estructura interna. El nacimiento de células independientes y lone wolves es la prueba más clara de que la estructura del movimiento jihadista ha cambiado y ISIS ya no es solo la central que solía ser. Sin embargo, existe una pregunta que aún persiste: ¿Cómo es que ISIS consiguió todo esto?

Para entender cuál fue la estrategia utilizada para conseguir este nacimiento de la “globalización del Jihadismo”, es necesario dividirla en tres pasos básicos. El primer paso en la estrategia de ISIS fue un cambio total en la retórica. Mientras en un principio ISIS estaba mucho más identificado con el estilo de insurgencia de Hamás o Hezbollah (un corte regional que buscaba crear un grupo unificado dentro de su zona geográfica cercana), al correr los años, encontró en los “objetivos lejanos” una oportunidad invaluable de acelerar el proceso de globalización. Sin embargo, para conseguir llegar a los musulmanes lejanos y radicalizarlos, lo primero que tuvo que hacer fue cambiar la forma en la que se dirigía a sus adeptos. La idea pasó del intento de generar un grupo local unificado, a buscar dividir a los musulmanes de la sociedad occidental. Para empezar, radicalizaron sus acciones (lo que consiguió separarlos aún más de Al Qaeda): dejaron de escoger a sus víctimas para empezar a atentar indiscriminadamente puesto que aumentaron su “lista de infieles”. Ahora no solo apuntaban a los Occidentales, sino que también incluyeron chiitas y sunitas que no aceptaban la autoridad del grupo terrorista. De esta manera, lograron poner a los musulmanes del mundo occidental en una posición incómoda en la que tenían que escoger entre dos opciones: el fundamentalismo o el mundo occidental, a sabiendas de que si escogían esta segunda opción, serían señalados como un objetivo también. Además, el Estado Islámico también cambió su forma de presentarse en los medios, ya sean escritos o virtuales: dejaron de apuntar al futuro del Islam, y empezaron a apoyarse más en los valores iniciales del Islam, incluso utilizando antiguos proverbios y fábulas islámicas que de alguna manera crearan un sentido de pertenencia para con el grupo. El objetivo de ambas acciones era sencillo, eliminar lo que el mismo grupo terrorista denomina como “la zona gris”, ese espacio en el espectro en el que los musulmanes siguen viviendo bajo los preceptos islámicos pero adoptando las costumbres occidentales. Para suerte de ISIS, su estrategia cayó justamente en pleno proceso de auge del ultranacionalismo en Europa y de los EE.UU. Con el aumento del chauvinismo en Occidente, se le hizo mucho más sencillo al grupo jihadista convencer a los indecisos de unirse a la causa. El siguiente paso en la estrategia aplicada por el Estado Islámico fue la radicalización a distancia. El proceso de radicalización del Estado Islámico, está compuesto de 4 pasos básicos: la indignación moral, mediante la utilización de los medios y la eliminación de la anteriormente mencionada “zona gris”; el reconocimiento histórico de la causa, mediante boletines que explicaban como se había llegado hasta aquí en su lucha en contra de los “infieles”; la utilización de experiencias personales, mediante la puesta en evidencia de los abusos cometidos por “los infieles” en contra de ellos; y finalmente, la utilización de las conexiones sociales, probablemente el paso más importante de la radicalización, mediante el contacto directo con otros radicalizados (que no necesariamente están ligados directamente con la Central), se “normaliza” el jihadismo. Finalmente, el último paso en la estrategia utilizada por el Estado Islámico para conseguir la “globalización del jihadismo” fue la utilización de los Lobos Solitarios que aparecieron a partir de los 2 pasos anteriores. Como expliqué en la primera parte de este análisis, los lobos solitarios son personas totalmente independientes a la central y a las células que se han sentido inspiradas por la lucha y el mensaje jihadista y que cometen atentados como los vistos en estos últimos meses. La estrategia de los lobos solitarios es positiva para la central por diversas razones: en primer lugar, es gratis, a la central no le cuesta realizar el atentado; en segundo lugar, no requiere un contacto directo con el jihadista y por tanto no carga con los riesgos naturales de realizar ese contacto; en tercer lugar, al ser casi imperceptibles en su proceso de planeamiento, es muy difícil que estos sean evitados, y finalmente; en cuarto lugar, le otorgan a la central el spotlight que tanto necesitan para sobrevivir.

Como el lector podrá notar, la estrategia utilizada por el Estado Islámico es bastante compleja y trata de no dejar vacíos. Esto refuerza lo aseverado el artículo pasado: ISIS es un enemigo difícil de vencer, tanto por su estructura como por su estrategia. Sin embargo, sí existen maneras de lograr una victoria no sólo a la central, como se está logrando al recuperar los territorios Sirios e Iraquíes, sino que al movimiento generado por el grupo terrorista. La próxima semana, escribiré, justamente sobre eso y trataré de responder a las preguntas ¿Cuál es el futuro del Estado Islámico? Y ¿Cómo vencer al movimiento jihadista?

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