Entre comas y diretes, por Franco Mori Petrovich

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Sonará cliché, baladí o hasta estúpido, pero los hechos nos han demostrado que una coma, al igual que un plagio, puede cambiar la historia de una persona. Una anécdota muy popular, asignada al Rey Carlos V, relata que casi manda a matar a un reo por un simple error ortográfico: El acta de sentencia indicaba “perdón imposible, que cumpla su condena”, sin embargo, lo que realmente quiso decir fue “perdón, imposible que cumpla su condena”. De esta manera, comprendemos que cada idea que deseamos expresar debe estar enmarcada en una serie de normas discursivas para que los receptores puedan acoger bien un determinado mensaje.

Dicho esto, el día de ayer, Nadine Heredia volvió a apoderarse de la atención de los medios, tras haber escrito “la verdad es mi letra” a la periodista Rosa María Palacios, a través de un mensaje directo de twitter. Horas antes, la periodista Rosa María Palacios publicó en su blog la misma frase, a diferencia de que agregó una coma después de “verdad”. Todo esto, claro, en alusión al tema de las llamadas “agendas de Nadine”, digo no más.

Está de más decir que ambas frases no significan lo mismo y cada una tiene graves connotaciones y trascendentes consecuencias, al menos, para el futuro político de la Primera Dama. El sentido que realmente se quiso aplicar sólo podrá ser esclarecido fácilmente al capturar la pantalla de la conversación, en vez de que las mencionadas señoras se dediquen a tuitear todo el día.

No obstante, lo que sí ha perdido todo sentido, a estas alturas del gobierno, es el verdadero rol que debería desempeñar la esposa del Presidente de la República. Es decir, la primera dama, según algunos politólogos, debería desempeñar una labor fraterna y cercana con el pueblo, destacando por méritos en solidaridad y proyectos sociales. Algo así fue el papel que tuvo la otrora esposa del expresidente García, Pilar Nores.

Pero no. Ni de fraternal, ni de solidaria tiene, aunque sea una pizca, la señora Heredia Alarcón. Sus permanentes diatribas contra la oposición, además de las millonarias compras en el exterior, y cómo no, su irrestricta e imparable embestida contra la prensa, particularmente contra la periodista Rosana Cueva; le han generado obtener un merecido 78% de desaprobación popular, según Gfk.

¿Por qué hemos perdido tanto tiempo hablando de estas cosas? ¿Qué tan relevante es para los 30 millones de peruanos una mujer que ni si quiera ocupa un cargo político oficial y ahora nos preocupamos hasta por las comas de sus tuits, sus agendas y sus ostentosos gastos en vestidos?