‘Errores’, según Vero, por Gonzalo Ramírez de la Torre

855

Fidel Castro, uno de los tiranos más grandes de la historia, murió el 25 de noviembre. Con su muerte algunos supuestos defensores del orden democrático lo han llorado como a un gran héroe y han celebrado su memoria como si se tratara de una versión caribeña de Gandhi. Entre estos ‘algunos’, sin duda resalta el nombre de Verónika Mendoza, la ex candidata presidencial del Frente Amplio. En una publicación en Facebook deja claro que para ella Castro fue “un hombre que luchó incansablemente por la justicia social”, un hombre que “hizo patria de lo que era una colonia”, que “devolvió la dignidad a un pueblo” y que hizo todo esto “en medio de errores propios”.

Así, si nos basamos en la evaluación de Mendoza, Fidel Castro fue un libertador y sus crímenes, siguiendo el ejemplo de los fujimoristas en campaña, fueron meros errores. Y si así están las cosas, bueno, el régimen castrista ha ‘errado’ bastante.

Erró, por ejemplo, cuando ejecutó masivamente a sus opositores cuando se hizo del poder. Fusilando a más de 600 personas, muchas de ellas ante multitudes de 18,000 almas en el Palacio de los Deportes. Todo luego de juicios que se celebraban en ambiente de fiesta.

También solo se trató de un error cuando dijo al New York Times “El poder no me interesa” y que tras “la victoria” regresaría a su pueblo a continuar su carrera como abogado. Erró pues, cómo iba a saber él que gobernaría por 47 años. Un error semejante al que cometió al no convocar a elecciones 18 meses después del golpe, como había prometido que haría.

Pero cuando se trata de ‘errores’ más graves, está el caso de los campos de la Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP). Ahí el régimen obligaba a trabajar forzosamente a aquellos que consideraba “potencialmente peligrosos para la sociedad”. Ahí podías encontrar religiosos, proxenetas, homosexuales (a los que Verónika Mendoza asegura defender) y otras tantas “amenazas” para el pueblo cubano. Ahí los obligaban a construirse sus propias barracas y a los “socialmente desviados”, luego de haberlos obligado a “reconocer sus vicios” en público, los sometían a una disciplina militar que se terminó por transformar en regímenes de mal trato, subalimentación y aislamiento. Para escapar algunos apelaban a la automutilación.

Así, fue un error, también, el llamado Plan Camilo Cienfuegos. Este imponía el trabajo forzoso en la isla de los Pinos donde los presos extraían mármol usando apenas una especie de taparrabo y, si trabajaban mal, eran castigados teniendo que cortar hierba con los dientes o (menudo error) siendo sumergidos en letrinas.

En 1978 otro error que detectaría la señora Mendoza podría ser el de la llamada Ley de Peligrosidad Predictiva. Con esta bastaba que el Estado presumiera que uno atenta contra la seguridad del país para ser arrestado.

Pero no hay prueba más fehaciente que certifique lo benigno del régimen castrista y lo perdonable de sus errores que la cantidad de personas que han buscado escapar de la tan maravillosa Cuba que instauró Fidel Castro. En abril de 1980, por ejemplo, 125,000 cubanos ocuparon la embajada peruana en Cuba reclamando que se les saque del país. En esa línea, y a lo largo de los años, 20% de la población cubana prefirió el exilio que permanecer en su país. 7000 personas, en el verano de 1994,  fueron a su muerte en altamar solo por escapar, y muchas de ellas fueron asesinadas por helicópteros que, con bolsas de arena, buscaban hundir las balsas que se dirigían a Miami.

Queda claro, empero, que ninguno de los hechos narrados fueron ‘errores’, a pesar de cómo lo quieran llamar algunos, estos fueron crímenes contra la humanidad. Castro y sus barbudos eran (y son todavía) unos tiranos y cualquier persona que le tenga un poco de respeto a la democracia está obligada a condenarlos y calificar sus acciones como lo que fueron. Preocupa, sin embargo, que políticos de izquierda, como Mendoza, segados por el color de la bandera que motivó la gesta de Castro, no reconozcan todo el daño que hizo.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.