Es tiempo de volver a ser grandes, por Fabrizio Anchorena

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Al escribir este artículo me trae consigo el recuerdo de los Fundadores del Partido Popular Cristiano – PPC: Ernesto Alayza Grundy, Roberto Ramírez del Villar, Luis Bedoya Reyes, entre otros. Así como aquellos que no habiéndolo fundado se iniciaron políticamente: Celso Sotomarino, Felipe Osterling Parodi, entre muchos otros. A todos ellos nuestra gratitud y reconocimiento por ser consecuentes con sus ideales, por saber diferenciar entre lo bueno y lo malo, por entender que una cuota de poder no vale más que los principios. Muchas gracias por el legado, porque nosotros estamos para mantenerlo vigente.

Además, importante mencionar y agradecer a los Alfredos, Pablos y Robertos, a las Cecilias, Marías y Rosas y todos aquellos que depositaron su voto de confianza en el PPC, que nos acompañaron más de una vez y que creyeron que éramos la mejor opción para gobernar con decencia y profesionalismo. A nuestros fundadores, a nuestros líderes, a los que nos acompañaron y nos acompañan, a todos ellos nos debemos, igual que como nos debemos a la historia.

El PPC próximo a cumplir 50 años de fundación vive una de las peores y por qué no la peor, crisis institucional encaminada a desaparecerlo de la escena política, demostrado en los últimos resultados electorales (Elecciones Provinciales y Municipales de 2014, Elecciones Generales de 2016), votaciones y decisiones paupérrimas que nos han condenado al fracaso.

La historia y los aprendizajes nos enseñan que en este mundo indomable existen: Personas y personas, Triunfos y triunfos, Partidos Políticos y partidos políticos, Dirigencias y dirigencias. Sí, de todo tipo, en mayúsculas y minúsculas y depende de nosotros en qué espacio queremos estar. Nos puede ir “bien” en minúsculas pero siempre estaremos condenados a caminar con la cabeza baja, a la tentación, a caer ante cualquier duda porque fallamos a nosotros mismos, fallamos a la historia. Sin embargo, nos puede ir mejor si somos consecuentes y entendemos cuál es nuestro deber. Ahí la principal diferencia. Lo correcto.

Es la primera vez que uso este medio para escribir sobre el PPC, pero es el momento porque hemos llegado al punto de quiebre. Al punto de no saber diferenciar entre lo que le conviene al PPC como institución y a lo que le conviene a las personas. Ahí otra diferencia. Porque no se trata de pasar por agua tibia hechos que apañaron y petardearon la correcta imagen del PPC, construida a través de décadas. No se trata de claudicar ante los principios; SE TRATA DE RECUPERAR LA LÍNEA CORRECTA.

Es tiempo de volver a ser grandes, de estar en el lado correcto de la historia, de que si nos equivocamos, corrijamos, de preferir calidad antes que cantidad y de volver a pensar en construir un Perú mejor. Recuperemos nuestra esencia y trabajémosla con las necesidades del Siglo XXI, sin claudicar. Esa es la tarea pendiente. Recuperemos la Política con P mayúscula.

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